Hoy 17 de julio se celebra en la Argentina el Día del Investigador Neurocientífico, jornada que se conmemora desde 1982 con carácter oficial (Resol. 7/1982 del Centro de Investigaciones Neurobiológicas, Ministerio de Salud). La elección de la fecha deriva de la figura de Christofredo Jakob, neurobiólogo, psiquiatra y filósofo alemán nacionalizado argentino (Wërnitz-Ostheim, Alemania, 25 de diciembre de 1866 – Buenos Aires, 6 de mayo de 1956), quien un día como hoy de 1899 llegó a la Argentina contratado por el gobierno nacional para hacerse cargo del entonces recién construido laboratorio de neurobiología. Este se halla en el actual Hospital Borda de Buenos Aires, una de las principales instituciones dedicadas a la salud mental en la República Argentina, así como un importante centro de investigaciones en neurobiología, psicopatología y relaciones psiquismo-cerebro. Jakob fue el principal investigador en la etapa media de la tradición denominada Escuela Neurobiológica Argentino-Germana, iniciada en el siglo XVIII y aún activa actualmente.

El Dr. Mario Crocco es un neurobiólogo ítalo-argentino. Desde 1988 es jefe del Laboratorio de Investigaciones Electroneurobiológicas del Hospital Borda en Buenos Aires, Argentina y es director desde 1982 del Centro de Investigaciones Neurobiológicas del Ministerio de Salud de la República Argentina.
El Dr. Mario Crocco es un neurobiólogo ítalo-argentino. Desde 1988 es jefe del Laboratorio de Investigaciones Electroneurobiológicas del Hospital Borda en Buenos Aires, Argentina y es director desde 1982 del Centro de Investigaciones Neurobiológicas del Ministerio de Salud de la República Argentina.

“La tradición investigadora que nos ocupa se originó hacia 1753 y tuvo su comunicación inicial en 1767, un siglo antes de la creación del hospital. Desenvolvióse en varios centros y localidades. En este último siglo y medio produjo sus aportes, sobre todo, en cuatro ciudades: en San Nicolás, en una nueva capital provincial denominada La Plata, en Buenos Aires y en Rosario. Desde aquel año de 1767, en que José Sánchez Labrador compuso su relación sobre los peces eléctricos de los ríos Paraná y Paraguay (ocho o nueve años antes de completar su manuscrito sobre ʺEl Paraguay Naturalʺ, y dieciocho años antes de que Europa demostrara en la torpèdine o pez torpedo una máquina eléctrica viviente), y tras varias tesinas en materia electroneurobiológica con que coronara el siglo XVIII, esta tradición se singularizó por prestar atención a las cambiantes estructuras que, al rotar o desplazarse cargas microscópicas dentro de los órganos del cuerpo, componen naturalmente los potenciales eléctricos. O, más bien, dieléctricos; de ese modo los denominaba el primer catedrático de Física Experimental de la Universidad de Buenos Aires entre 1827 y 1835, Octavio Fabricio Mossotti, un circunstancial asociado de Faraday y Young en Londres y precursor de James Clerk Maxwell al formular, en 1847, ʺleyesʺ válidas para el electromagnetismo. Desde ese ángulo hace neurobiología esta tradición. En San Nicolás, entre septiembre de 1883 y julio de 1884, logró la primera electroestimulación prolongada de un cerebro humano consciente en el mundo, y en el Hospital Borda está activa desde 1899. Su Laboratorio allí es Monumento Histórico Nacional; el Día del Investigador Neurocientífico en la República Argentina se ha establecido en el aniversario de la llegada, el 17 de julio de 1899, del Prof. Dr. Christofredo Jakob proveniente de Alemania al pórtico de Avenida Amancio Alcorta 1602, entrada del magnífico laboratorio construido especialmente para recibirlo dentro de una armoniosa unidad paisajística, que comprende sus parques circundantes y, del otro lado de la avenida, se integraba con el Jardín Botánico del Sur, hoy Plaza España. El Dr. Amancio Alcorta fue el Canciller (Ministro de Relaciones Exteriores de la Nación) que, por iniciativa del alienista Dr. Domingo Cabred, quiso contratar al mejor especialista del mundo en materia neuropsicológica – convocatoria que resultó en que Jakob trabajara cincuenta y siete años en la Argentina. La Escuela Neurobiológica Argentino‐ Germana formó más de 4500 profesionales de la medicina, ciencias naturales y filosofía. Como característica de esa línea de trabajo académico, muchos de ellos tienen o tuvieron fuerte militancia sociocultural, de esfuerzos muchas veces antitéticos en lo partidario (Octavio Mossotti, Alberto Alberti, Richard Sudnik, José Ingenieros, Alicia Moreau de Justo, Lanfranco Ciampi, Gonzalo Bosch, Salomón Chichilniski, Arturo Ameghino, Raúl Garabelli, Braulio Moyano, el primer Ministro de Salud de la Nación Ramón Carrillo y sus hermanos Santiago Carrillo y Arturo Carrillo, Diego Luis Outes, Fernando Orioli, Carola Blitzman Eisenberg, Rogelio Driollet Laspiur, Jorge Fernández Amallo, José Luis Ravello, Oscar Higa, Juan Carlos Goldar, Mario Crocco); efectuaron aportes originales en un tema ‐la conexión entre psiquismo y cerebro‐ crítico para las ciencias físiconaturales, la filosofía, la biomedicina y hasta la ética y la política; y desarrollaron conceptos independientes de la ciencia angloestadounidense del área (los allá denominados “consciousness studies”). Mientras que el hispano Cajal, quien después de estudiar a Hume en Huelva hízose afín a esa línea de pensamiento angloestadounidense, proponía que ʺDurante el sueño natural o provocado, las ramificaciones nerviosas entrarían en retracción, apartándose de las células e interrumpiendo el paso de las corrientes; en estado de vigilia ocurriría el fenómeno contrario, pues las citadas arborizaciones se aplicarían nuevamente a los cuerpos celulares y las corrientes se comunicarían, sin obstáculos, de las fibras a los corpúsculos nerviososʺ, y mientras que la misma idea en nuestros días se acostumbra suponer realizada a nivel molecular, esta tradición iberoamericana, en particular a resultas de los aportes de Crocco, sostiene que un mecanismo delicadísimo, con base en la física relativística, es la fuente de todos los sindromes de desconexión, desde la desatención, el dormir, los desmayos, los estados vegetativos y el coma, hasta la muerte; y que es también responsable de los registros mnésicos, o retención de las memorias”, dice una síntesis académica que puede descargarse desde http://libgen.io/get.php?md5=7CB912B75280E5473AE30CDE10A2D7C5&key=SA85D1BBQTT6J3KM

Jakob fue el primer profesor titular de Biología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Entre sus obras descuella la monumental “Folia Neurobiológica Argentina”, cuya serie todavía sigue sumando volúmenes. Una importante prioridad histórica que le cabe a Jakob es la localización de las funciones viscerales en la corteza límbica. “Hambre y amor emiten desde la corteza límbica sus imperativos categóricos”. Jakob describió las vías de llegada de las sensaciones viscerales al cerebro, elaborando el concepto de sistema límbico veintiséis años antes de la aparición de la teoría de Papez en 1937 sobre los mecanismos centrales de la emoción. Además de sus trabajos en neurología, Jakob fue un entusiasta explorador del territorio argentino y de vastas regiones de Sud América. En la zona de Bariloche fue el descubridor del bellísimo lago que años después Otto Meiling bautizó con su nombre. Hoy en día aún se conservan sus preparados, que seguirán siendo útiles por siglos; sus fotografías y anotaciones siguen allí, como testimonio del brillante pasado y promisorio futuro de una tradición vigorosa.

Los científicos han profundizado sus estudios sobre el cerebro, el objeto más misterioso del universo. Este avance en las neurociencias ha tenido un efecto rebote en la aparición de disciplinas no siempre serias, como neuromarketing, neuroventas, neuromoda, neuropolítica y un largo etcétera. Los investigadores coinciden en alertar que en este “neuroboom” hay interpretaciones deliberadas y falsos profetas. “Como el prefijo ‘neuro’ está de moda, se abusa un poco de su utilización, en general, con fines netamente comerciales”, dispara uno. “En 1990, fue promovida la ‘década del cerebro’ en EE.UU., lo cual significa que las neurociencias no son un nuevo boom, aunque recién esté llegando a nosotros. Pero el final de esa década fue decepcionante porque no cubrió las expectativas”, describe otro.

La moda por lo neuro está justificada por la idea de que el cerebro es el director de orquesta de todo lo que hacen las personas. Algunos suponen que allí se esconden todas las preguntas y todas las respuestas sobre el comportamiento humano. Pero la Escuela Neurobiológica Argentino-Germana los contradice, señalando que el psiquismo, espíritu o alma es una realidad a la que se encuentra operando en la naturaleza, donde produce evidentes efectos.

“Las neurociencias apasionan porque intentan explicar desde la orientación sexual de las personas hasta porqué tu abuelito se olvida de las cosas. Las neurociencias están en todos lados, incluso en lugares que jamás pensábamos encontrarlas”, apunta otro. En especial en el ámbito de los negocios, parecería que cualquier congreso o encuentro debe tener una charla o dos vinculadas con “lo neuro”. Mariano Sigman, neurocientífico del Conicet y especialista en neurociencia cognitiva advirtió una vez que hay mucho negocio detrás del prefijo neuro. Sin embargo, Sigman aclara que todos estos trabajos están basados en probabilidades y no son contundentes. Mucho del material neuro que se puede consumir en librerías o en congresos de marketing son interpretaciones, a veces exageradas, de estos estudios basados en neuroimágenes. Otro experto señala que muchas técnicas o herramientas son válidas, pero que oportunistas, e incluso profesionales, realizan un mal manejo de ellas, por ignorancia o mala intención. Franco Mir apunta que varias disciplinas se “cuelgan” del prestigio y rigurosidad del conocimiento científico y se disfrazan de neurociencias. “Estas ‘seudociencias’ intentan relacionar hallazgos neurocientíficos para demostrar o validar sus teorías o hipótesis”, ejemplifica el investigador. Y también advierte que muchos avances científicos son sobredimensionados o convertidos en dogmas o leyes absolutas por los medios o los gurúes de turno.

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