La resolución del juez Salas describe cómo fue la operación secreta que permitó desbaratar la banda narco que producian drogas sintéticas y organizaba fiestas para venderlas.

La realidad supera a la ficción. O la ficción, en mayor medida, toma relatos de la vida cotidiana para llevarlos a la conquista de la imaginación. El huevo o la gallina. Como en las películas, dos agentes infiltrados por la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal quebraron ese manto de hermetismo que cubría a las “FlorioFest”, esas jornadas festivas que desbordaban de drogas y alcohol en quintas del Conurbano, también en boliches de Puerto Madero y de Pinamar.

El juez federal de Morón Juan Pablo Salas, a cargo de la investigación que comenzó en octubre de 2014, lo deja expresamente claro en la resolución que firmó esta semana y que define el procesamiento con prisión preventiva de los 13 sospechosos detenidos. El cabecilla, Florio Lenartowicz, de 45 años, sindicado como organizador y financista de las fiestas. Además, su novia, una escultural rubia de origen bielorruso, de 33 años e identificada como Marina Sokolova, y Nicolás Pachelo, ex vecino del country Carmel de Pilar y otrora apuntado por la familia de María Marta García Belsunce de tener relación con el homicidio de la mujer, el 27 octubre de 2002.

Un círculo muy cerrado blindaba las acciones ilegales de la banda y hacía casi imposible penetrar en esas fiestas, las invitaciones se hacían por contacto directo de conocidos o a través de redes sociales (un página de Facebook, por ejemplo) pero las coordenadas de día, hora y lugar se repartían un par de horas antes del comienzo de cada encuentro. “Si bien las fiestas eran anunciadas en Facebook, de las publicaciones no se desprendían datos sobre los lugares donde se iban a hacer como tampoco el horario. Las coordenadas se entregaban de forma privada por mensajes en redes sociales o chat de teléfonos celulares”, describe la investigación.

banda narco 2Con todo el tiempo a favor, dos detectives de la Superintendencia de Drogas Peligrosas, al mando del comisario mayor Néstor Roncaglia, lograron romper ese cerco de extrema confianza y se metieron en las fiestas, como agentes encubiertos (figura prevista en la ley de estupefacientes). La primera, en marzo de 2015. Una tarde de calor, en una quinta bonaerense, se dio el primer contacto. Las fiestas empezaban a las 8 am y terminaban con la caída del sol. Chicas, chicos, tragos, pileta y drogas.

Los detectives supieron mimetizarse en la acción de la fiesta. De eso se dieron cuando cuando “el Musculoso” se les acercó (era Florio, el dueño de las “Florio Fest”) y les regaló una pastilla. Habían logrado la aceptación. El mismísimo Lenartowicz estaba aportando la prueba clave y determinante para comenzar con la erosión de la estructura, que caería finalmente el domingo 20 de diciembre pasado en una quinta de tres hectáreas en General Rodríguez.

Las entradas de las fiestas iban de los 500 a los 1.000 pesos, las dosis de droga sintétca estaban en el orden de los 100 pesos. También había y se distribuía cocaína y marihuana. “Lenartowicz era quien financiaba la fabricación (de la droga sintética que después era comercializada) en los laboratorios allanados. Los estupefacientes para las fiestas eran provistos por Pablo Marzuolo, conforme se desprende de las escuchas telefónicas hechas en la investigación, de las cuales se pudo establecer su relación con ‘el Musculoso’ y su pareja”, confirma el texto.

Marzuolo, de 39 años, sería el integrante 14 de esta organización, pero aún no pudo ser interrogado por el juez Salas. Está en coma, internado, luego de que intentar suicidarse al tirarse de un piso 11 de un hotel del barrio de Monserrat, cuando estaba prófugo de la Justicia. Está indicado como el “químico” de la banda y tenía un laboratorio en Berisso, allanado por detectives de la División Precursores Químicos y Drogas Emergentes de la Superintendencia de Drogas Peligrosas.