El 11 de abril de 2015, en Roma, el papa Francisco cumplió uno de sus principales propósitos desde que asumió como cabeza de la Iglesia católica: un documento para exaltar la palabra que en su criterio sintetiza el misterio de la fe cristiana: la misericordia. “Es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida”, quedó escrito en la bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia que hasta el 20 de noviembre de 2016 será la base de predicación en todas las iglesias.

De hecho, constituye el mensaje central de sus prédicas: “Salir de las parroquias para ir a buscar a las personas allí donde viven, donde sufren, donde esperan”. Un tiempo de exaltación que formalmente comenzó el pasado 8 de diciembre, en el quincuagésimo aniversario del Concilio Ecuménico Vaticano II promovido por el papa Juan XIII y que concluirá el 20 de noviembre de 2016 con una solemnidad litúrgica para consagrar a Jesucristo como rey del universo. Una época para reconocer que Jesucristo es el rostro de la misericordia de Dios.

FranciscoEntre los estudiosos del catolicismo, la bula Misericordiae Vultus recoge la esencia del mensaje de perdón al que el papa Francisco ha querido darle prioridad en su pontificado. Sin embargo, el sumo pontífice quiso que el alcance de su convocatoria fuera más comprensible y universal. Por eso aceptó la propuesta del periodista del diario La Stampa, Andrea Tornielli, de explicar su mensaje a través de una entrevista en la que recorre la historia, cita pasajes claves de los Evangelios y comparte recuerdos de su vida, para sustentar su invocación a la misericordia.

Sus remembranzas del padre Carlos Duarte Ibarra, su confesor en Buenos Aires cuando tenía 17 años, y a quien acompañó hasta su funeral después de padecer una leucemia, o del sacerdote José Ramón Aristi, un gran confesor de quien heredó una cruz que siempre lleva en su pecho. Los paradigmas con quienes se fue convenciendo de que las personas siempre buscan a alguien que las escuche porque la gente sufre. Lo que él denomina “el apostolado de la oreja”, para significar que siempre hay alguien en espera de misericordia y mucha disposición a oficiarla.

En su conversación con Tornielli, autor además de la primera biografía del papa Francisco, hoy traducida a 16 idiomas, el pontífice revela su interés especial por aquellas personas que por distintas razones están privadas de su libertad. Por eso recuerda que, así como existe la máxima jurídica in dubio pro reo, que se resume en que la duda siempre debe ponerse del lado de la persona que está sometida a juicio, también es trascendental conmoverse ante quienes se han equivocado, porque de alguna manera todos lo han hecho y la tarea de juzgar es compleja.

Es un texto con muchos momentos para exaltar la misericordia. En uno de ellos, el papa Francisco recuerda cómo en la época en que oficiaba como rector de un colegio de jesuitas en Argentina, conoció a una mujer que tenía varios hijos menores de edad pero había sido abandonada por su marido y no encontró otro trabajo que ejercer la prostitución. A través de él, la mujer recibió la ayuda de la organización Cáritas, y un día de Navidad fue a darle las gracias, pero no por el apoyo o los alimentos que había recibido, sino porque él no había dejado de llamarla señora.

“No hay justicia sin perdón y la capacidad de alcanzarlo está en la base de todo proyecto de una sociedad futura más justa y solidaria”, afirmó el papa Juan Pablo II después de los ataques terroristas a Estados Unidos. El papa Francisco se explaya en explicaciones sobre por qué la falta de perdón constituye un riesgo para seguir alimentando una espiral de conflictos, pero también es enfático en insistir con su premisa “pecadores sí, corruptos no”, porque los segundos no conocen la humildad y se indignan porque les roban la cartera, pero después engañan al Estado.

En síntesis, en la antesala del retorno del papa Francisco a América, a raíz de la visita que el sumo pontífice emprende en México el 12 de febrero, circula el libro El nombre de Dios es misericordial (Planeta editorial) que transmite palabras de aliento para que sea comprensible el misterio de la compasión, para que se sepa que quien no haya experimentado este sentimiento no ha vivido y para que se entienda por qué la Iglesia “no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios”, en el año de su jubileo.