La marcha de los martes de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad comienza a las 20.10 en la esquina de San Martín y Laprida. 13 personas levantan la pancarta que muestra las fotos de las personas por las que marchan. Alberto Lebbos va detrás de la tela pero no la sostiene. En una mano lleva un megáfono y en la otra un papel con los 381 nombres de las víctimas. Los nombra a todos.

Detrás de la pancarta marchan dos mujeres que sostienen una bandera del Partido Obrero y otras personas que muestran las fotos de sus familiares que sufrieron un triste final. Más allá, una pareja camina de la mano y una mujer lleva un perrito en los brazos. Algunos hablan entre sí, pero la mayoría adhiere a la consigna y después de cada nombre dicen “presente”. Son alrededor de 40 personas.

Cinco agentes de tránsito cierran la marcha. Detrás de ellos, a paso de hombre, aceleran autos y motos. Cuando la marcha dobla por la calle 25 de Mayo, aceleran a toda velocidad y se pierden por San Martín hacia el oeste.

La gente de la plaza es indiferente a la movilización. Algunos dan vuelta la cabeza unos segundos para ver qué pasa y siguen en lo suyo. Los apurados automovilistas que bajan por 24 de Septiembre no son indiferentes: al encontrarse con la marcha, muestran su impaciencia a bocinazos. Lebbos sigue nombrando una a una a las víctimas.

 

Paulina lebbos“Estuvimos siempre”

“La historia va a demostrar que en estos años hubo robos, muerte y corrupción. Nosotros mostramos la realidad y la verdad. Pero también va a mostrar algo positivo y es que nosotros estuvimos siempre, sin importar el frío, el calor o que fuera feriado”, señala Lebbos que luego, sin el megáfono contará que en una ocasión marchó junto a una acompañante, una militante del Partido Obrero con las calles inundadas. “Estábamos solos los dos. Pero no se suspendió la marcha. No hubo un solo martes en que no marcháramos”, dijo.

“No está todo bien”

En su arenga a los asistentes, dijo: “Muchos quedaron en el camino, muertos de pena. Y es cierto, esto es un sacrificio. Pero si no venimos parece que está todo bien, y no está todo bien. Aunque nos manden sicarios y nos amenacen, no tenemos miedo. Hay que despertar la conciencia, levantando las pancartas y mostrando las fotos de los familiares. Tenemos que seguir, independientemente de los resultados. Van a llegar solos. No somos poquitos. Somos muchos y tenemos la fortaleza de seguir”, asegura Lebbos a su multitud.

En los últimos minutos del discurso, cargado de críticas al oficialismo, comienzan a caer gruesas gotas. Nadie se mueve hasta que Lebbos baja el altavoz y comienza a saludar a los presentes antes de decir adiós. Ninguno necesita confirmar su presencia para el viernes, día del aniversario de la desaparición de Paulina. Se descuenta que todos estarán.

 

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