Jorge Herrera tiene 31 años, la noche del 21 de febrero, cuando volvía a su casa, desapareció. Lo volvieron a ver al día siguiente, cerca de las 7 de la mañana, malherido, a punto de perder un ojo y con esposas en su muñeca derecha.

De acuerdo a su relato, y en declaraciones al portal Periodico Movil Jorge caminaba por las inmediaciones de la comisaría 5° cuando comenzó a correr, alertado por personas que, suponía, pretendían asaltarlo. En la corrida fue interceptado por policías de esa misma dependencia policial en la esquina de Muñecas y Ecuador, según consta en la denuncia que investiga la Fiscalía IV, a cargo de  Diego López Ávila. 

torturas en tucumanEl joven indicó que los policías lo llevaron a la comisaría y allí comenzaron a golpearlo. Para que se tranquilizara, le arrojaron baldes de agua y lo esposaron, agregó. Tras recibir golpes durante toda la noche, Herrera contó que quedó a solas con un solo agente que se quedó dormido. El joven aprovechó la ocasión y escapó del lugar. Llegó a casa de su abuela mojado, con la cara ensangrentada, visiblemente golpeado en el torso y en el rostro y con esposas colgando de su muñeca derecha. 
 
De inmediato, llamaron a su madre, Cristina Jiménez, que al llegar encontró al joven en estado de shock. El muchacho le relató lo ocurrido y le dio el nombre del único policía del que aseguraba recordar: Gustavo López. La madre del joven fue entonces a la comisaría y allí se dio con un uniformado de ese mismo nombre. Jorge fue trasladado de inmediato por su familia al hospital Centro de Salud, donde constataron las lesiones y quedó internado en terapia intensiva hasta el día 27. 
 
El jefe de la comisaría, Carlos Mendoza, se negó a realizar declaraciones , indicando que él no estuvo esa noche en el lugar y que la causa se encuentra en manos de la Justicia. 
 
torturas en tucumanAyer, desde la Fiscalía -según el medio antes mencionado-, se ordenó el secuestro de las actas y libros de novedades de la comisaría 5°, además de otras medidas de prueba para investigar lo ocurrido durante la noche del 21 de febrero. 
 

La causa, por el momento, está caratulada como apremios ilegales, pero el abogado del joven aspira a cambiar esa tipificación al delito de torturas, cuya pena es de hasta 25 años de prisión. “No fueron únicamente las lesiones físicas que sufrió, los vejámenes, la humillación moral. También la parte psicológica. Hoy el muchacho, que tiene una discapacidad, tiene temor de salir a la calle. Quienes tendrían que cuidarnos a nosotros y brindarnos seguridad son los primeros que contravinieron la ley”, reclamó Leonardo Panigutti, abogado del joven.  

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