El Mal de Chagas es una patología presente en nuestro país, principalmente en zonas carenciadas y rurales. La vinchuca, insecto transmisor de la enfermedad, encuentra en las viviendas precarias un ámbito que facilita su desarrollo.

En la Argentina existen alrededor de 1.500.000 habitantes, crónicamente infectados. Y si bien una persona puede contagiarse en cualquier momento, el grupo de mayor riesgo es el de niños menores de 10 años que habitan en zonas no tratadas con insecticidas.

“El modo de transmisión de la enfermedad puede ser vectorial (picadura), la cual es la principal vía de infección en nuestro país, de madre a hijo, por la ingestión de alimentos contaminados, por transfusiones de sangre o a través del trasplante de órganos”, le explicó a Hoy la Doctora Cristina Freuler, MN 58098, ex Jefa del Servicio de Infectología, Inmunología y Epidemiología Hospitalaria y Jefa del Departamento de Medicina Interna del Hospital Alemán de Capital Federal.

Las tres etapas

El Mal de Chagas cuenta con tres etapas. “Una es la aguda, la cual se presenta en el 5% de las personas infectadas, y se caracteriza por la presencia de parásitos en sangre. Suele pasar desapercibida, pero cuando se presentan los síntomas clínicos, provoca la muerte del 1% de los enfermos”, explicó la profesional.  “Después existe la indeterminada donde los pacientes son asintomáticos y pueden permanecer así toda la vida o derivar en la fase crónica, con alguna manifestación orgánica después de los 15 o 20 años”, acotó y añadió que por último, la crónica “afecta al 30% de los infectados y derivan de la fase indeterminada. A este grupo se lo llama chagásico, y si bien los síntomas son diversos, la miocarditis es la más frecuente, que se manifiesta varios años después de infectado y a edades significativamente más tempranas que otras cardiopatías”.

Dejar una respuesta