En el cierre de un fin de semana repleto de matices, Leo Mayer terminó siendo el héroe menos pensado. El correntino venció en cuatro sets al inglés Daniel Evans y la Argentina terminó ganándole 3-2 a Gran Bretaña la serie semifinal de la Copa Davis.

¡El Yacarééé, el Yacarééé”, cantan los casi cien argentinos que celebran en el Emirates Arena la clasificación a la final de la Copa Davis, y lo acompañan con movimientos de los brazos, como emulando la boca del animal. Un buen puñado de jóvenes británicos, cordiales durante todo el fin de semana, se suman al bailecito. Leonardo Mayer, el “homenajeado”, ve la situación y sonríe, tímido. Incrédulo. Un rato antes, al vencer en cuatro sets a Daniel Evans, amargó al campeón de la Davis a puro latigazo de derecha y saques fortísimos, y sin embargo no hay rencores, al contrario. Está emocionado, el correntino.
mayer2En la tribuna está Milagros Aventín, su mujer, embarazada de un varón que llegará a fines de enero. Su compañera sabe, como nadie, la depresión por la que pasó el tenista esta temporada: una lesión en el hombro derecho le quitó fuerzas, le hizo perder partidos y puntos, y se quedó afuera de los Juegos Olímpicos de Río (de hecho, su ranking actual -114°-, no le permite entrar de manera directa a los principales torneos del circuito). También están Leonardo Alonso y Juan José Grande, su manager y psicólogo, respectivamente, con los ojos humedecidos. “Pasé de tener todo a no tener nada”, le había confesado Mayer, hacía unos días a LA NACION, cuando todavía ni sospechaba que sería el encargado de sellar la serie.

La limitación física que dejó a Juan Martín del Potro sin el último punto frente a Gran Bretaña hizo pensar al capitán Daniel Orsanic. Y entendió que, en medio de su rompecabezas, Mayer era el indicado por sobre Federico Delbonis. Desde que se puso el equipo al hombro en el repechaje de 2014 frente a Israel, en Sunrise, cuando la Argentina estuvo ante la temida chance de descender de categoría, Mayer se convirtió en un jugador copero. La Davis sacó lo mejor de su personalidad y de sus recursos tenísticos. De hecho, con el triunfo frente a Evans tras ceder el primer set, estiró a diez su racha de victorias consecutivas en singles de la Davis. “Lo único que tengo de copero son las copas en mi casa”, había dicho Leo durante la semana, con ese humor irónico e ingenuo que tan querible lo hace dentro del grupo. Pese a su modestia, los números y los rendimientos dicen otra cosa.

“¿Héroe yo? No, héroe es el equipo”, contestó el amante de la pesca. “Yo no salvé a la Argentina. Me tocó jugar un partido, hice mi trabajo”.

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