La medida de fuerza que comenzó hoy y se extiende por 48 horas afecta a los alumnos de escuelas públicas de todo el país. Desde Cambiemos hablan de una intencionalidad política. Por su parte la Iglesia salió a mostrar su preocupación por el conflicto.

Si bien en Ciudad de Buenos Aires se intentó un arreglo hasta último momento, el paro no pudo ser revertido. Las negociaciones en el distrito porteño se extendieron hasta última hora del sábado y, sin avances, las autoridades decidieron postergar la continuidad de la paritaria hasta mañana a las 19, una vez que la huelga haya terminado.

Hasta ahora, sólo en Santiago del Estero, San Luis, Tucumán y Salta llegaron a un acuerdo salarial, por lo que se podría esperar que la repercusión de la medida de fuerza nacional sea menor allí que en otras provincias.

La magnitud del conflicto hizo que hasta la Iglesia interviniera ayer para intentar que las partes lleguen a un entendimiento en favor de los alumnos, que deberán esperar hasta el miércoles para ponerse sus guardapolvos blancos.

El mayor impacto se lo lleva la provincia de Buenos Aires, donde unos 2 millones de chicos y jóvenes asisten a primarias públicas. La secundaria arrancará el lunes 13. Allí, los sindicalistas amenazan además con nuevas medidas de fuerza si no reciben una oferta que desactive el conflicto.

“Los gremios nos dijeron que por más que llegáramos a un acuerdo en la Ciudad iban al paro igual, es decir, se iban a adherir de cualquier manera a la huelga convocada por CTERA y el resto de los sindicatos nacionales. Por eso decidimos suspender la paritaria hasta el martes a la tarde”, se quejaron fuentes del Ministerio de Educación porteño ante los medios. Es la primera vez en seis años que este distrito llega al primer día de clases sin haber conseguido un acuerdo salarial con los maestros.

La versión de los gremios es otra: “La nueva postergación demuestra una vez más que la imposibilidad de destrabar el conflicto en la Ciudad es producto de la negativa del ministro Esteban Bullrich de convocar a la paritaria nacional docente. Negativa que se agrava con el techo del 18 % que el presidente Mauricio Macri le pretende imponer a las provincias en sus discusiones salariales. El año pasado, en esta fecha, los docentes estábamos en las aulas dando clases. Quien decidió cambiar el escenario e incumplir la Ley de Financiamiento Educativo fue el Gobierno”, señaló UTE-Ctera.

El argumento de Bullrich ha sido que, como la Nación no tiene docentes, esa instancia de negociación ya no tiene razón de ser. En la paritaria de 2016, además, se había fijado una cláusula por la que el salario inicial de un docente pasaría a ser, en adelante, el equivalente al mínimo vital y móvil más el 20 por ciento.

El enojo de las autoridades porteñas fluía ayer sin freno. “Le estamos ofreciendo un sueldo de bolsillo que, para el maestro que recién empieza, supera los 13 mil pesos para un cargo simple. Si tenemos en cuenta que el 70 por ciento de los docentes porteños trabaja doble turno, ese sueldo supera los 27 mil pesos”, afirmaron desde la Ciudad.

El rechazo a lo que las autoridades consideran una buena oferta es uno de los argumentos que desde el macrismo esgrimen para concluir que el paro tiene una intencionalidad política de los sindicatos afines al kirchnerismo.

En la Ciudad, la oferta de aumento salarial fue del 18%, distruibuido en un 10 por ciento a partir de marzo y el 8 por ciento restante desde octubre. También se ofreció la garantía de incrementar eso mismo en el Fondo de Incentivo Docente, en caso de que la Nación no lo haga. En la provincia de Buenos Aires la primera oferta fue del 18% en cuatro cuotas y luego se cambió a “todo lo que suba la inflación”, con ajuste trimestral, más un adelanto a cuenta de entre 800 y 2.000 pesos (según el salario) a cobrar antes del 15 de marzo. En ambos distritos se pidió como condición continuar el diálogo “con los chicos en las aulas”, y ahí se quedó todo.

Los gremios marcharán hoy desde las 10. Se concentrarán en el Congreso e irán rumbo al Palacio Pizzurno, donde se estima que arribarán al mediodía. Tanto la Ciudad como la Provincia adelantaron que les descontarán los días a los que no trabajen. En la Capital habían evaluado sacar a la calle una gran cantidad de auditores para controlar la asistencia. Pero luego se descartó: “No va a haber ningún operativo especial, sino el control de ausentismo normal”, dijeron. El impacto de la medida recién se podrá medir hoy. Ayer había escuelas con carteles que avisaban qué grados iban a tener clases y cuáles no.

La Provincia y la Ciudad jugaron sus últimas cartas en Facebook, con una apelación directa a los maestros, para que vayan a dar clases. “Este 6 de marzo, alrededor de 300 mil chicos y jóvenes esperan reencontrarse con su escuela, con sus amigos y conocer a sus nuevos maestros y profesores (…) Las escuelas van a estar abiertas y los chicos van a estar esperándolos”, posteó ayer Soledad Acuña, ministra de Educación porteña, en una carta titulada “Queridos docentes”. La gobernadora María Eugenia Vidal había hecho lo mismo el viernes: “Hicimos esta propuesta para que el lunes todos los chicos y los docentes puedan estar en las aulas, pensando en ellos, sólo en ellos, con la realidad de la Provincia sobre la mesa y quitando de esta discusión cualquier interés político”.