Por Fernando Johann (*). Agregar valor no es sencillo. Se requiere paciencia, esfuerzo y en algunas ocaciones incluso algo de suerte. Existe un grupo de personas, en todas las sociedades del mundo, que parecen entender esto. Actuan bajo ese entendimiento, al menos durante un tiempo. Este grupo de gente arriesga su capital, sus relaciones, el capital de otros a veces, las relaciones de otros, invierten el espacio dedicado a familia y amigos, dan su esfuerzo y se exponen frente al mundo con una idea de la que están convencidos: El valor que quieren agregar vale la pena.

Desde los medios y también en la charla de café se tiende a simplificar la descripción de más arriba diciendo que esos son “Los Emprendedores”. Son ellos los que agregan valor y que eso se trae de la cuna (por estos días, con algo de agua corrida bajo el puente también admitimos que emprender es una capacidad que se puede aprender, desarrollar y cultivar) pero eso es injusto con las millones de personas que agregan valor desde su lugar sin crear su empresa particular, gente que no tiene su “proyecto” personal. Héroes sociales raramente reconocidos que agregan valor todos los días desde su puesto de trabajo.

Agregar valor no es automático, es posible estar completamente comprometido con la producción de cierto producto o servicio pero si nadie lo quiere no agrega valor. Lo que sucede es que para que tenga sentido la propia actividad, hace falta también desarrollar una especie de radar empático que lo que permite es ver si lo que estamos haciendo tiene impacto o no tiene impacto en los demás. Algo que caracteriza a todos las personas que conozco que agregan valor es que cuando se atascan por algún motivo en un lugar en el que no agregan valor, hacen lo posible para salir de ese estado y volver a agregar valor.

Agregar valor es además de un acto de auto satisfacción y proyección una actividad que tiene un fondo generoso por parte de quienes lo brindan y no todas las actividades, más allá de la seriedad o pasión con la que se la tomen sus autores agregan valor.

No todo agrega valor. Es crudo y horrible pero hay muchas chances de que lo que estás haciendo no le agrega valor a nadie. De manera que como ejercicio de tipificación podríamos decir que se suelen dar al menos tres de las siguientes características en el proceso de agregar valor:

  1. Cuando hay posibilidad de relacionarse con quien agrega valor esa situación se da (hay algo que hace que nos juntemos más en la casa de uno de nuestros amigos que en el resto).
  2. El proceso de agregar valor no es gratis para quien lo realiza. El otro paga. Ya sea con tiempo o recursos y de la interacción con nosotros se repaga la inversión realizada más probablemente algo adicional. Esto no siempre es económico, pero el intercambio existe siempre. Aquí surge necesariamente la vinculación con otro/s sin la que el ciclo no cierra nunca.
  3. Si estoy obligado a relacionarme con alguien, ese alguien no agrega valor (es por eso que nunca estamos contentos con las empresas monopólicas).
  4. Cuando el que agrega valor no está, se lo extraña, y mucho.
No es necesario emprender para agregar valor. Es cierto que cuando uno se encamina en un proceso con una visión de un mundo mejor es al menos más simple ver si estoy yendo en la dirección correcta o no. Después de todos somos seres que podemos aprender. Pero desde cualquier posición o lugar, rentado o no rentado, laboral o artístico, se puede agregar valor.

Es imperioso empezar a reconocer cuando no estoy agregando valor, sobre todo en este momento del mundo en donde las tecnologías hacen cada vez más obvio el hecho de que la fuerza muscular no es nuestro mejor atributo como seres humanos. Permanecer en un estado en el que no agrego valor me da sólo una seguridad: Ese lugar, puesto de trabajo o rol, va a desaparecer. Se lo va a comer una máquina. Pronto.

Miles de disciplinas están condenadas a desaparecer precisamente por que no agregan valor. Podemos enmascararlo o mentirnos a nosotros mismos cuanto querramos. Independientemente del “modelo de país” lo que no agrega valor será automatizado y estandarizado en el accionar de una máquina. Agregar valor es lo que genera trabajo y competitividad. El diferencial humano esta precisamente en agregar valor a otros seres humanos. La máquina molinete a la entrada la estación de trenes de Plaza Constitución no le agrega valor a nadie. Y tampoco lo hacía la persona que controlaba los boletos, parada en el mismo lugar hasta hace no mucho.

Durante un tiempo que todavía continúa, como sociedad hemos agregado valor al mundo del software a través del ingreso de personas con capacidad y flexibilidad para adaptarse a las demandas. Algo que no sucede en todos los centros de desarrollo y una característica por la que el mundo pagó y paga un diferencial en precio. Somos competitivos en el mundo del software (uno de los espacios con mejores salarios del país) y no lo hacemos cobrando barato.

Durante un tiempo que todavía continua agregamos valor en el diseño y construcción de maquinaria agrícola. Siguen llegando empresas de Estados Unidos y Australia para comprar diseños, productos y hasta a veces las empresas completas. No lo hacemos siendo baratos. Lo hacemos agregando valor.

Los profesionales argentinos tienen algo de renombre en el mundo, como colectivo, porque agregan valor. 

El ejemplo más violento, por comparación y cercanía, es para mí el que se da en torno al valor que agregan las Fuerzas Armadas. La policía, que debería hacernos sentir seguros (agregando así valor), no lo hace, y en algunos casos extremos, consecuencia de procesos que no viene al caso discutir aquí, hasta nos hace sentir Inseguros. Cuestiones históricas y culturales a parte, la relación de un Chileno con la policía es muy diferente en cuanto a como se siente cuando está cerca.

Les dejo otros ejemplos para que ustedes me digan si agregan o no valor en nuestra sociedad: Los cuerpos de bomberos, las mesas de entrada, las empresas concesionarias de autopistas, los controladores aéreos, los inspectores de embalses y represas, los maestros de nivel inicial, los locutores de anuncios publicitarios, los estudios jurídicos, las empresas de marketing, los taxistas, los gasistas matriculados, el que cobra el peaje.

Según la propia historia las respuestas seguro se moverán en un arco interpretativo. No es lo que importa. Lo que importa es la duda. No debería haber duda (al menos en términos de concenso) sobre lo que agrega o no valor.

Son demasiadas las expresiones que ponen la actividad de generar valor detrás del velo de la avaricia, el egoísmo y la explotación del otro. Cuando leemos esta postura, agregar valor es difícil de distinguir de la estafa. Las más de las veces se colocan en lugares equivalentes. Quizás no se ve, pero es singularmente importante poder entender que significa agregar valor para poder hacer las paces con el mundo en el que vivimos.

Ahora bien, lo que no agrega valor es lo que nos está comiendo vivos.

Fernando Johann es consultor en comunicación escénica, cientifico y entrenador de ejecutivoswww.Fernandojohann.com