Por primera vez desde que fuera estatizada, Aerolíneas Argentinas redujo notoriamente su dependencia económica del Estado. Entre 2009 y 2015, la compañía recibió aproximadamente 26 mil millones de pesos de la Nación. En junio pasado, la empresa recibió 328 millones de pesos de las arcas públicas, es decir, un 49% menos que en el mismo mes de 2016.

La tendencia se corrobora si se toma en cuenta el primer semestre del año, algo que puede ayudar a evitar efectos coyunturales sobre los números de la empresa. Esta cuenta muestra que la firma recibió 1990 millones de pesos del Tesoro Nacional, 38% menos que en la misma parte de 2016. La reducción nominal de los fondos que envía el Estado adquiere aún más relevancia si se tienen en cuenta la inflación, que implica un recorte mayor en términos reales.

La conducción de Aerolíneas, a cargo de Mario Dell’Acqua, sostiene que la reducción de subsidios no responde a un ajuste en la actividad cotidiana, sino a una mejora en la eficiencia operativa, a un estudio pormenorizado de los destinos elegidos por los pasajeros para volar dentro del país y a una mayor venta de pasajes por modificaciones en la flota.

Pese a la reducción, hasta ayer Aerolíneas había usado el 76% de los subsidios previstos para este año, por lo que no se descarta que necesite nuevas partidas.

Contrario a lo que sucedía con la gestión de Mariano Recalde frente a la empresa, los números en lo que refiere a subsidio se ven notoriamente reducidos.

Aerolíneas Argentinas tuvo una primera etapa bajo la presidencia de Cambiemos, en donde fue dirigida por Isela Costantini, quién fue una de las primeras funcionarias nacionales en dar un paso al costado de esta Administración. Entre las causas que trascendieron, se encontraba su disgusto respecto al ingreso masivo de compañías low cost y la apertura desmedida de Aerolíneas. Sin embargo, la propia Costantini fue quién dio inicio a la política de reducción de costos o recortes generalizados. Por caso, ordenó podar al menos 30% los gastos de todas las áreas no relacionadas con tareas operativas e inició una negociación con los dueños de tarjetas de crédito y débito para recortar las comisiones que le cobraban a la empresa, por encima de lo que debían desembolsar sus competidores.

Enfrentada con el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, Costantini se fue en diciembre pasado, cuando la compañía había comenzado a reducir la dependencia del Estado.

Aerolíneas sostuvo que en junio mejoraron algunos de los principales indicadores de la operación en comparación con el mismo período del año anterior. Por caso, aumentó 8% la cantidad de asientos ofrecidos, y se transportaron 944.853 pasajeros, 19% más.

Además, el factor de ocupación subió 4 puntos porcentuales, hasta el 78%, se vendieron 14% más de pasajes y creció un poco más la venta sin intermediarios. Si se toman los números del primer semestre, por ejemplo, la línea aérea de bandera vendió 3,7 millones de pasajes, un 17% más que en el mismo período del año pasado.

La gestión de Aerolíneas cree que los mejores resultados se deben, entre otras cosas, a que le dedicaron más tiempo y esfuerzo a comprender “a dónde vuela la gente”. Una parte de la mejora en los resultados se debe a las vacaciones de invierno. Para aprovechar esta temporada, Aerolíneas dispuso el uso de naves Boeing 737-800 (con mayor capacidad que sus alternativas) y puso el foco en mejorar la oferta en destinos clave de invierno, como Bariloche, San Martín de los Andes y Esquel.

Aerolíneas profundizará su plan para adaptar su flota a sus necesidades, algo que implica desprenderse de los 24 aviones Embraer que llegaron por un acuerdo que se hizo durante la administración de Cristina Kirchner.

Dejar una respuesta