Por Fernando Johann (*). No nos escuchamos y por eso no nos relacionamos, no nos tenemos confianza, no construimos en conjunto, no valoramos lo que el otro tiene para aportar. Las oportunidades para agregar valor y construir nuevos espacios están siempre moduladas por nuestra capacidad para conformar, un equipo primero y una comunidad después, que conviva con los riesgos y las incertezas de lo innovador, lo nuevo, lo distinto.

Los líderes de hoy enfrentan el desafío de movilizar voluntades, concitar atención y seducir stakeholders. Esto suele implicar presentar públicamente, hablar, ordenar ideas para llegar a un objetivo previamente definido.

Venimos de una tradición gerencial que ha subestimado los aspectos emocionales y corporales de la comunicación, dando primacía a la información y la teoría. Doscientos cincuenta años de industrialización no han pasado sin dejar rastro también en nuestra forma de comunicarnos. Somos hoy más una sociedad que produce muchos más manuales de usuario que novelas de ficción. Nos hemos alejado de la comunicación humana para respetar solamente los datos, los números. Convivimos todos los días con una comunicación que se ha mecanizado. Como consecuencia tenemos comunicaciones corporativas en donde predomina lo que algunos han llamado la “muerte por PowerPoint”: Presentaciones maratónicas (con decenas de digresiones por minuto) y océanos de información en Arial tamaño 12.

El desafío se da porque hoy enfrentamos un mundo en que los líderes deben ser grandes comunicadores debido a que la suerte de una iniciativa o un proyecto suele depender de lo persuasivo y memorable de la presentación realizada.

Los líderes efectivos en las organizaciones exitosas ven este proceso de manera integral a la hora de hacer presentaciones en público. A veces audiencias pequeñas, incluso dos o tres personas, a veces más numerosas. No es el número lo que importa sino el motivo que nos reúne, y que queremos que suceda.

Algunas cosas simples que podemos trabajar (digo trabajar porque en el mundo de la comunicación moderna no hay “tips”. No existe la receta multipropósito efectiva. Sólo hay práctica, error, aprendizaje, y a eso le llamamos trabajar) son las siguientes.

● Es central aprender a escuchar las inquietudes de nuestras audiencias y entender lo que conocen y lo que no conocen. Lo que tienen disponible y aquello que les es inaccesible. A partir de allí estamos en condiciones de crearles valor.

● En tren de mejorar nuestras competencias debemos reconocer la utilidad de una historia, que mejora la coordinación de cualquier tipo de actividad humana. Las historias tienen formatos y modos de operatividad y entenderlos a la hora del diseño es clave para optimizar la práctica de hablar en público

● Cuando nos levantamos del escritorio y pasamos a la acción es central el manejo de disposiciones corporales, la gestualidad, la respiración, los estados de ánimo y emociones que experimentamos y mostramos durante una presentación tienen el poder de reforzar nuestras ideas o negarlas de manera rotunda.

● Nuestra audiencia está presente de cuerpo entero mientras nos dirigimos a ellos. El diseño de los slides es una parte muy importante ya que los medios de representación pueden determinar que un mensaje se transmita o no. Pero la dinámica de la experiencia es más potente y debe intervenirse para asegurar una presentación memorable, un llamado a la acción efectivo y un alto impacto

La habilidad para comunicarnos entre nosotros como humanos es clave de ahora en más. Será determinante del futuro de la mayor parte de los procesos sociales y pondrá el límite a nuestros planes. Una vez que tengamos claro a donde queremos llegar, ¿cómo haremos para comunicarlo a las demás personas?

Fernando Johann es un científico, formador y profesor de ESEADE de Oratoria. Para participar de sus programas de formación ESEADE ORATORIA 

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