Ayer terminó de “detonar” la crisis interna que atraviesa SMATA (el gremio de los mecánicos). Desde el sindicato desautorizaron al diputado Oscar Romero, que además es dirigente del gremio, y negaron cualquier tipo de vinculación con Florencio Randazzo, lo que abre las puertas además a una incorporación dentro de las filas Unidad Ciudadana de cara a la campaña rumbo a octubre. Esto, a su vez, es un revés para el Gobierno, que consideraba al secretario general de la organización, Ricardo Pignanelli, como un aliado.

Desde SMATA se emitió ayer un comunicado en el que se blanqueó la salida del Movimiento de Acción Sindical Argentina (MASA), que orientan a Omar Viviani (Taxis) y el ferroviario Sergio Sasia, y que opera como grupo por ahora disidente de la conducción de la CGT. Pero también el gremio de mecánicos aclaró que ni siquiera pertenece a la central sindical, a la que dejó de aportar su cuota años atrás luego de una de sus tantas divisiones internas.

Pero el eje del informe, fue despegar a Oscar Romero (aún secretario de Relaciones Institucionales de SMATA). Romero, elegido en su momento por el Frente para la Victoria como diputado, se alió al espacio conducido por Randazzo, y busca su reelección en el cuarto lugar de la lista (diputados) para octubre. Todo esto, a espaldas de la conducción nacional del sindicato.

Ese movimiento disparó una crisis sin precedentes en uno de los principales gremios industriales, con consecuencias en la campaña electoral, el ordenamiento de los grupos de pertenencia de la CGT y también en la dinámica de la propia central, sumergida en una nueva disputa por la hegemonía para después de octubre.

La jefatura del SMATA desautorizó a Romero por haber presuntamente ostentado “esa representación” de dirigente del gremio para ubicarse en la nómina de Randazzo. “La actualidad política se alimenta lamentablemente más de trascendidos que de verdades y, como señala el dicho, el que calla otorga. El SMATA está obligado a informar a sus trabajadores y a la población que no tiene ninguna vinculación con el espacio de Randazzo y, mucho menos, a partir del señor Romero”, señala el texto.

El comunicado fue más allá: la organización aclaró, de paso, que no pertenece al MASA (el grupo sobre el que se apalancó Romero para definir su postulación) “como tampoco a la CGT o a ningún otro espacio gremial”. Se trata de una aclaración que promete repercutir en la central obrera por tratarse de un sindicato grande (alguna vez se lo identificó con los “gordos”) con unos 100 mil afiliados de buenos salarios y gran capacidad de movilización y presión.

En medio de la campaña Pignanelli aprovechó para despegarse también del Gobierno luego de la foto que compartió con Mauricio Macri durante la inauguración de un sanatorio del sindicato. Sostuvo en el escrito que el gremio “no fue aplaudidor antes y no es obsecuente ahora” y que negocia con “el gobierno de turno para hallar soluciones a los problemas de la industria, sin anteponer el qué dirán de una foto al bienestar de los trabajadores, sin perder la esencia peronista y honrando esa doctrina”.

Aunque el comunicado no lo explicitó, el gremio que desde lo formal dejó “en libertad de acción” a sus afiliados para las elecciones legislativas- prevé blanquear una mayor cercanía a Cristina de Kirchner.

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