Tres gendarmes declararon este martes en el Juzgado Federal de Esquel sobre su participación en el operativo del 1° de agosto en tierras del Pu Lof en Cushamen, Chubut, donde los testigos vieron por última vez a Santiago Maldonado.

Se trata de los gendarmes Neri Armando Robledo, César Peralta y Walter Ruiz Díaz, quienes declararon ante el juez Guido Otranto y la fiscal Silvina Avila.

Las preguntas del juez se originaron tras un informe que el Ministerio de Seguridad de la Nación instaló en los últimos días en la causa judicial, en donde se sostiene que en la persecución parte de los gendarmes -los declarantes- llegaron hasta el río Chubut, donde Robledo hirió de una pedrada a un miembro de esa comunidad mapuche.

La finalidad del informe del Gobierno es “blanquear” que los gendarmes arribaron hasta la orilla del río, donde los testigos aseguran que tomaron a Maldonado -siempre negada por los acusados-, y que allí Robledo apenas golpeó con una piedra en la espalda a uno de los manifestantes.

 

Además, la teoría de que todo fue cuestión de no más que tres gendarmes anula en consecuencia y sin hacerlo explícito, la teoría de “desaparición forzada” orquestada desde el Estado.

El costo que implica para el Gobierno la entrega de ese informe es que deja en evidencia que durante más de un mes el Gobierno y la ministra Bullrich ocultaron a la Justicia la información de que los gendarmes llegaron hasta el río para no confirmar los dichos de los testigos. Sobre todo si se acepta la palabra de la ministra quien durante todo ese lapso de tiempo le aseguró a la ciudadanía que los relatos resultantes de la investigación interna en la fuerza no coincidían en absoluto con la de los mapuches.

Nada se informó oficialmente sobre la comparecencia de los tres gendarmes, pero se supone que fueron interrogados sobre lo narrado en ese informe.

Mientras se sucedían las declaraciones judiciales y la versión del piedrazo recorría los medios, Matías Santana, el mapuche que declaró haber visto como los gendarmes se llevaban a Maldonado, habló con periodistas y rechazó el informe oficial.

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“Ninguno manifestó que le habían pegado un piedrazo. Ni dijo que tuviera dolor ni nada. No hubo heridos. Solo algunos tenían perdigones en las piernas”, dijo.

“Nosotros corrimos hacia el río. Yo fui a buscar un caballo que tenía a unos metros y cuando estaba subiendo escucho la voz de uno que dice ‘quedate quieto’. Subí, había tiros y pude ver a tres gendarmes que estaban golpeando un bulto celeste con negro. Reconozco que era Santiago porque yo ese día le presté mi campera celeste”, repitió.

“Tiraron piedras y todo lo que tuvieron a mano. Tenían escopetas y los cartuchos se encontraron después cerca del río”, agregó.

Por su parte, Soraya Maicoño, también miembro de la comunidad, relató que el 1 de agosto a la tarde, cuando volvió a la Pu Lof tras haber estado detenida durante algunas horas, “lo único que se decía era que faltaba un cumpa”.

Y lamentó que durante todo este tiempo “se haya puesto en duda” la palabra de los integrantes de la comunidad, que dijeron desde el principio que la Gendarmería había llegado hasta el río.

Por último, Santana adelantó que en las próximas horas otros testigos aportarán un dato importante a la causa: “Van a aportar una llamada que hicimos cuando estábamos del otro lado del río, cuando advertimos que había desaparecido el compañero”.

Paralelamente, tomó la palabra desde Rosario el hermano de Santiago Maldonado en una conferencia de prensa para responder a las nuevas maniobras del gobierno.

“No son tres gendarmes. Son todos culpables. Directamente, por acción u omisión. Incluyendo la ministra Bullrich, que es la que da las órdenes”, remarcó el hermano del joven desaparecido.

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