Luego de un impasse de un par de meses, en que la tensa situación en la Península de Corea parecía “aplacarse”, las últimas prácticas nucleares por Kim Jong-un, agitaron el frágil panorama de paz en el extremo oriente.

El último ensayo nuclear efectuado este domingo por Corea del Norte (el sexto y más potente desde 2006), supone un reto mayúsculo a la destreza geopolítica del iracundo Donald Trump.

La primera reacción del presidente de Estados Unidos ha sido una serie de tuits a primera hora de la mañana en los que ha dicho que “las palabras y acciones de Corea del Norte son muy hostiles y peligrosas para Norteamérica”.

Más tarde ha añadido que estaba “sopesando, entre otras opciones, detener todo el comercio con cualquier país que haga negocios” con Pyongyang, lo que afectaría sobre todo a China. Por la tarde tras una reunión del presidente con su asesores militares en la Casa Blanca el secretario de Defensa Jim Mattis ha advertido de que quien los amenacen “recibirán una respuesta militar masiva”.

Trump no ha excluido entre las opciones que baraja las represalias militares. “Ya veremos”, ha respondido este domingo al salir de una iglesia a un reportero que le preguntó si atacaría Corea del Norte. Sin exhibir el belicismo que mostró en agosto, amenazando al dictador Kim Jong-un con “una furia y un fuego jamás vistos en el mundo”, el magnate y comandante en jefe de Estados Unidos ha apostado de momento por la compleja estrategia de tratar de extremar el aislamiento económico y financiero de Corea del Norte.

El secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, ha dicho en una entrevista que Trump le ha ordenado diseñar un nuevo paquete de sanciones para cortar “todo el comercio” de Corea del Norte con el exterior. China es el único aliado y el principal socio comercial del régimen de Kim. Por lo que el gigante asiático sería el principal afectado con la medida.

Prueba nuclear de Corea del Norte:

La nueva prueba nuclear norcoreana ha sido la sexta de su historia. Según la información difundida por el régimen, se detonó bajo suelo norcoreano una bomba de hidrógeno “con un extraordinario poder explosivo” y que podría ser instalada en un misil intercontinental capaz de alcanzar el territorio estadounidense. La detonación, que provocó un terremoto de magnitud 6,3 que se sintió en las zonas más cercanas de China, Rusia y Corea del Sur, habría alcanzado una potencia de entre 80 y 100 kilotones. La bomba que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima en la Segunda Guerra Mundial fue de 15 kilotones.

Con este ensayo, cinco días después de disparar un misil balístico que cruzó el espacio aéreo de Japón y recorrió 2.700 kilómetros hasta caer en el Pacífico, Corea del Norte culmina un verano en el que ha acelerado el desarrollo de su programa de armamento atómico y se ha enzarzado en un salvaje conflicto verbal con Trump.

En agosto el gobierno de Pyongyang dijo que lanzaría cuatro proyectiles hacia aguas cercanas a la isla de Guam, donde Estados Unidos tiene dos importantes bases militares. Tras la respuesta de Trump amenazándolo con un ataque apocalíptico, Pyongyang pareció refrenar su órdago y el jefe de la Casa Blanca llegó a expresar su impresión de que el enemigo estaba “empezando a respetar” a la primer potencia mundial. Pero el ensayo de ayer confirma que Kim Jong-un, de 33 años y heredero del poder de sus fallecidos padre, Kim Jong-il, y abuelo, Kim Il-sung, no se arredra ante Washington y desoye a la comunidad internacional en sus intentos de contenerlo. El gobernante coreano apareció horas antes del ensayo en imágenes inspeccionando sonriente la supuesta bomba de hidrógeno.

El líder norcoreano Kim Jong-un

En los tuits de este domingo por la mañana, Trump ha recriminado a Pekín, su gran rival en el tablero geopolítico, “intentar ayudar con poco éxito” a solucionar la crisis con Corea del Norte. La estrategia de asfixiar económicamente a Pyongyang solo será factible si China colabora.

El potente ensayo, aseguran los expertos, demuestra que Kim no tiene interés alguno en renunciar a su programa nuclear y que la comunidad internacional está fracasando en su intento de contenerle. Corea del Norte utiliza estas pruebas para presionar a Estados Unidos para que reconozca su poderío nuclear, pero esto difícilmente ocurrirá. Por otro lado, “es una forma de mantener su régimen seguro, así que el programa nuclear seguirá adelante a pesar de que las sanciones dejen a la población del país hambrienta”, explica Lu Chao, experto chino en el régimen.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá este lunes para analizar el ensayo nuclear de Corea del Norte. La cita fue solicitada por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, tres de los cinco miembros permanentes y con derecho a veto del órgano central de decisiones, junto a China y Rusia.

El Consejo de Seguridad ha sancionado en múltiples ocasiones a Corea del Norte por sus ensayos balísticos y nucleares. El 5 de agosto aprobó por unanimidad –incluyendo a la reticente China, primer socio comercial de Pyongyang– nuevas restricciones mercantiles con potencial para reducir en 1.000 millones de dólares sus ingresos por exportaciones. Según la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, fueron las sanciones “más severas” impuestas a un país “en una generación”, pero el brutal ensayo nuclear de este domingo evidencia que Kim antepone el desarrollo de sus bombas al cuidado de sus finanzas.

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