Por Héctor GIULIANO. En el marco de su política institucional de gobernar con Deuda el gobierno Macri – desde el comienzo de su mandato presidencial – viene utilizando en la práctica la Inflación como principal variable de ajuste de los Salarios Reales de la población laboral argentina.

Tal ajuste – que se da tanto en materia fiscal como económico-financiera y social – se instrumenta a través de una política combinada:

a) Aumentos de precios superiores a los aumentos de salarios y otros ingresos fijos de la gente,

b) Retraso cambiario como producto del hecho que la devaluación del Peso es menor que la Inflación, lo que provoca una valorización aparente de las remuneraciones – medidas en dólares – frente a su desvalorización real en pesos, dada la inflación existente (lo que explica la inquietud de las autoridades por reducir también los Salarios Nominales), y

c) Efecto financiero del desfasaje entre las correcciones parciales de sueldos – que se realizan siempre a posteriori e implican una pérdida sistemática del poder adquisitivo en los sueldos, jubilaciones y otras pasividades – y las variaciones de la Inflación general.
Paradójicamente, es una administración de línea neoliberal como la de Macri la que usa así el denostado y regresivo Impuesto Inflacionario como forma de sostén de la recaudación fiscal, como mecanismo distorsivo en la formación de los precios relativos que motorizan la Inflación y como modo de ajuste a la baja de los sectores con ingresos fijos por fuera de las llamadas leyes de Mercado.

FRACASO DE LAS METAS DE INFLACIÓN

La conferencia de prensa cuatripartita del 28.12 pasado – Peña, Sturzenegger, Dujovne y Caputo – ha sido, de hecho, un reconocimiento del fracaso de las Metas de Inflación de la actual administración macrista:

a) La Inflación de 2015 habría sido del 26 %, cuando la administración kirchnerista decía que era del 12 %.

b) La proyección presupuestaria ajustada para el 2016 – Prat Gay dixit – era del 25 % y resultó ser del 41 %.

c) La Inflación prevista para el 2017 era del 12-17 % y resultó ser del 25 % (24.8). Y

d) Las metas para el corriente año 2018 eran originalmente del 8-12 % (un 10 %) y ahora pasan a ser del 15 %.

Burlescamente, esta modificación sustancial a los fines de cálculo en lo tocante a Gastos, Ingresos y Resultado Fiscal del Ejercicio fue informada a la opinión pública al día siguiente de la aprobación y conversión en Ley 27.431 del Presupuesto 2018, lo que implica que – en los hechos – el Congreso le votó entonces un cheque en blanco al Ejecutivo dado que se aprobaron cifras ya inmediatamente irreales y que los verdaderos importes no se conocen en valores absolutos (irregularidad ésta que pudiera significar incluso la nulidad de la Ley).

Estas condiciones anómalas de aprobación parlamentaria dilatan no sólo la toma de conocimiento público de la principal información sobre las Finanzas del Estado sino que además dejan abierta la puerta – que el presidente ya está utilizando en modo asiduo – de manejar provisoriamente la Hacienda Pública a través de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).

CAIDA DE LOS SALARIOS REALES

La administración Macri – siguiendo con ello una tradición neoliberal ya aplicada otras veces en la Argentina – es contraria a las regulaciones de precios de bienes y servicios pero simultáneamente es intervencionista (en el sentido de sus decisiones proactivas) en materia financiera (por la positiva, es decir, a favor de los negocios especulativos) y en materia laboral (por la negativa, esto es en sentido restrictivo de los aumentos salariales y previsionales).
Esto deriva en que la misma administración que permite las remarcaciones sistemáticas y discrecionales de los precios de Mercado es la que fija techos (que son precios máximos) a las negociaciones salariales y que paralelamente garantiza pisos de gran rentabilidad a los capitales financieros por medio de la fijación de altas Tasas de Interés.
Se cumple así una suerte de regla neoliberal de Mercado: liberación de precios, con apertura económica y libre movimiento de capitales financieros versus control de salarios, retraso cambiario (para garantizar los pagos de servicios de la deuda externa) y subsidio estructural al Sistema especulativo-financiero, que va en detrimento de la Inversión Directa.

La técnica de baja de los salarios reales se da por tres vías concurrentes:

1. Por el citado punto básico de aumento de los Precios superior a los aumentos de los Ingresos Fijos.

2. Por la falta de recupero de la Inflación pasada – que, dicho en buen romance, significa que la gente se tiene que tragar la Inflación producida – frente a compensaciones porcentuales futuras y administradas en cuotas.

Téngase presente que la fijación de una Meta Inflacionaria del 15 % para el corriente año implica que este porcentaje se usará como tope de referencia en las próximas negociaciones paritarias (entre Gobierno, Empresas y Sindicatos), en las que el gobierno aspira negociar pautas de aumentos salariales según el criterio de Inflación Futura – es decir, sin recupero alguno de la Inflación Pasada – y también sin cláusulas gatillo frente a las variaciones de precios.

3.Por el hecho que la Inflación carcome el poder adquisitivo de los Salarios día a día mientras que los aumentos de precios corren con la ventaja sustancial de sus actualizaciones cotidianas (el citado efecto financiero por desfase entre Inflación y ajustes salariales). Peor aún, gracias a este desfasaje financiero existente entre los momentos de incidencia de la Inflación y los de las posteriores y parciales actualizaciones salariales muchas empresas quedan en condiciones de amortiguar preventivamente, con esta variante, parte de tales ajustes vía colocaciones financieras de corto plazo durante el período.

Así, el factor inflacionario que determina la pérdida del poder adquisitivo de los salarios reales es el mismo que favorece la mayor ganancia financiera de los especuladores por la vía de tasas de interés positivas, que les reditúan cada día que pasa.

ÉXITO EN LA POLÍTICA DE ENDEUDAMIENTO

La contracara de la política macrista de mantener alta Inflación como forma de bajar el nivel de los salarios reales de los trabajadores y de los sectores sociales pasivos, de sobrellevar niveles indexados de recaudación fiscal (medidos en moneda constante) y de favorecer los negocios especulativo-financieros es la Política de Endeudamiento Público en que se sostiene el gobierno Macri.

En función de sus objetivos sectoriales propios y específicos – que no son coincidentes con los intereses financieros nacionales – esta política macrista sí estaría teniendo “éxito”.

Nuestro país se sigue endeudando en gran escala, a ritmo acelerado y con total irresponsabilidad financiera fiscal debido a la falta de capacidad demostrada de repago de las obligaciones que se toman.

La Deuda y sus Intereses constituyen hoy el mayor rubro de aumento del Gasto Público y, como tal, el principal factor determinante del Déficit Fiscal. Y ese déficit se cubre con más Deuda.

Dicha Deuda – Interna y Externa – es, a la vez, el determinante de la vuelta de la Argentina al problema de los Déficits Gemelos: Fiscal y Externo.
El problema de la Deuda Pública es un problema financiero insoluble por la falta de liquidez y solvencia fiscal para poder atender sus servicios crecientes, como no sea contrayendo permanentemente más deuda que se usa para refinanciar los vencimientos, pagar intereses (que parcialmente se capitalizan por anatocismo) y asumir Deuda Nueva adicional.

La actual administración no tiene capacidad de pago demostrada frente a los compromisos crecientes de la Deuda Pública y su programa de endeudamiento está totalmente condicionado por los grupos financieros prestamistas y tomadores de títulos, que son los que fijan en la realidad el cronograma y los montos de re-endeudamiento del Tesoro, del Banco Central (BCRA), de las Provincias/Municipios y de los Organismos Nacionales.

Frente al problema de este costo financiero, rápidamente creciente, el gobierno Macri se encuentra cada vez más bajo mayor presión de los Acreedores directos en particular y del llamado Club de la Deuda en general (Bancos/Entidades Financieras, Consultoras, Calificadoras de Riesgo, etc.; locales y externas), entidades éstas con los que sus principales funcionarios interactúan bajo conflicto de intereses.

Esta situación se agrava con prisa y sin pausa porque hasta el último centavo de capital o principal se refinancia a su vencimiento por novaciones sistemáticas de Deuda, la cuenta de intereses a pagar aumenta más que proporcionalmente en relación al stock de la Deuda y ya un tercio de esos intereses no se abona sino que se capitaliza por anatocismo.

La presión de los acreedores y fondos de capitales especulativos aumenta y consecuentemente se le exigen a la administración Macri mayores garantías de pago y medidas adicionales de servidumbre financiera frente a un panorama objetivamente muy preocupante; y el presidente responde a través de un mayor endurecimiento de su política financiera fiscal:

a)Aumento de las colocaciones de Deuda – en montos y frecuencias – tanto en el Mercado Local como Internacional.
b)Mantenimiento de la Política de retraso cambiario con altas tasas de interés locales y libre movimiento de entrada y salida de capitales especulativos, para garantizar el pago de los servicios de intereses de la Deuda Externa y los niveles extra-ordinarios de ganancia en los negocios financieros por arbitraje entre Tasas de Interés y Tipos de Cambio.
c)Baja de los Gastos Fiscales Primarios – fundamentalmente Sueldos, Jubilaciones y Asignaciones Sociales – para compensar el fuerte aumento de los Intereses a Pagar.

El uso de la Inflación en estas condiciones configura, como siempre, una forma de redistribución de los ingresos sociales; y como tal es un clásico en materia Económico-Financiera, en la Argentina y en el Mundo.

Y su operatoria es bastante directa como arma de doble propósito a favor de las Empresas y del propio Estado:

– Por el lado de las Empresas, porque les abarata el Costo Laboral compensándoles parcialmente los altos Costos Financieros, Tributarios y Logísticos.

– Por el lado del Estado, porque la Inflación no sólo le representa más ingresos monetarios sino que simultáneamente le disminuye por licuación el monto real de los gastos por Remuneraciones a pagar. Y además, combinada con la política de ajustes de Precios y Tarifas de Servicios Públicos en curso – que se transmiten en forma violenta a la Inflación ya existente – cumple el doble propósito de aumentar los recursos fiscales por el elevado componente impositivo de las Tarifas y de disminuir los costos de Personal y Pasividades por Gasto Público Social.

Es muy probable que en este último punto resida una de las claves no declaradas de la gestión Macri, ya que el aumento de los precios que permite y provoca el propio gobierno a través de la falta de controles de precios, los fuertes incrementos tarifarios y el alto costo financiero generalizado son los principales factores que retro-alimentan el proceso inflacionario.

Y esa misma Inflación es la que sirve de excusa al BCRA para mantener altas las tasas de interés – con el argumento de la lucha anti-inflacionaria – pese a que tal aumento de las tasas se ha demostrado inoperante, después de dos largos años de persistente gestión, para reducir el aumento de los precios; y que esas elevadas tasas han resultado dañinas para el crecimiento de la actividad económica productiva mientras, en cambio, han favorecido y siguen favoreciendo los negocios récord de la especulación financiera.

En este sentido, dada la falta de coherencia en su política anti-inflacionaria y el agravamiento de la situación económico-financiera por falta de resultados prácticos, la administración Macri pareciera embarcada sólo en ganar tiempo frente al problema de la Inflación y el Crecimiento de la Economía Física o Real.

De hecho, varias de las proyecciones más optimistas se han venido difiriendo (incluso a fechas posteriores a su mandato) – como el caso de la Inflación o el Crecimiento – y el gobierno sigue vendiendo expectativas a la opinión pública a falta de poder mostrar realidades.

Mientras tanto, el valor de los Salarios Reales sigue cayendo, lo mismo que las Jubilaciones y las asignaciones sociales.

Este mal cuadro de situación económico-financiera del gobierno Macri, derivado de la nueva Crisis de Deuda que vive la Argentina, se viene enmascarando con la complicidad del gobierno, la oposición política y los medios de comunicación mientras la gravedad del problema crece día a día.-

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