En una nueva jornada de su visita pastoral a Chile, el papa Francisco almorzó ayer con 11 habitantes de la Araucanía, entre ellos ocho mapuches, tras celebrar una misa dedicada al “progreso de los pueblos” en Temuco ante unas 250.000 personas, en la que el Pontífice citó a Gabriela Mistral y Violeta Parra, rechazó la violencia y afirmó que “debemos estar atentos a la elaboración de bellos acuerdos, que nunca llegan a concretarse. Esto también es violencia, porque frustra la esperanza”.

En su homilía, Francisco destacó que “la unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin. Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos”.

En este sentido, afirmó que “debemos estar atentos a la elaboración de bellos acuerdos, que nunca llegan a concretarse. Esto también es violencia, porque frustra la esperanza”.

Junto con esto, señaló que “no se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división”. “La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura, la violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos no a la violencia que destruye, en ninguna de sus dos formas”, agregó.

Para Francisco, ambas formas de violencia “son como lava de volcán, que todo arrasa, dejando a su paso solo esterilidad y desolación. Busquemos y no nos cansemos de buscar el diálogo para la unidad”.

Tras la celebración en la que entre el público estuvo presente Juan Namuncurá, descendiente del beato argentino Ceferino Namuncurá, el Pontífice ofreció el almuerzo en la Casa “Madre de la Santa Cruz”, a unos 10 kilómetros del predio en el que dio la misa.

Los invitados a comer con el pontífice fueron ocho mapuches de distintas comunidades, una mujer víctima de la violencia rural, un colono de familia suiza-alemana y un inmigrante reciente, Garbens Saint Fort, llegado desde Haití.

Los mapuches son Sebastián Cayuleo (Comunidad de Boyeco); Rubén Nahuelpán (Buzo mariscador, Comunidad de Nehuentúe); Teresa Hueche (Comunidad de Maquehue); Jaqueline Huircán (Comunidad de Nueva Imperial) y Juan Pailahueque (Pequeño agricultor en tierras dadas por el Estado, como reparación).

Además, Silvia Llanquileo (Figura religiosa y de salud ancestral de su comunidad De Enoco); Rigoberto Queupul (2º Lonko, figura ancentral en su Comunidad de Conoco; cultivador de hortalizas y frutales) y Patricia Panchillo (tejedora a telar y artesana de la Comunidad de Cuyimko).

Posteriormente, el pontífice protagonizó un encuentro con jóvenes en el Santuario Nacional de Maipú, a quienes animó a “ser los protagonistas del país que sueñan” y consideró que son los únicos capaces de cambiar la sociedad.

A la vez que advirtió que “madurar no es aceptar la injusticia, eso es corrupción” y les pidió que no se dejen callar.

“Sean los protagonistas del Chile que sus corazones sueñan. Hay muchas buenas ideas en el corazón y la mente de los jóvenes. Al problema lo tenemos los grandes, cuando pensamos que ya van a madurar y se van a corromper”, dijo Francisco ante miles de fieles.

“Ustedes son los únicos que pueden cambiar la sociedad. Apúrense a encontrar lo que tienen para aportar porque el mundo, la patria y la sociedad los necesita”, concluyó.

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