Se confirmó que el mandatario consiguió su tercera reelección, tras obtener el 71,97 por ciento de los votos en los comicios. La oposición denunció irregularidades.

En segundo lugar, aparece el candidato comunista Pavel Grudinin, con apenas 15,90 por ciento de los votos, según informó la Comisión Electoral Central (CEC).

Uno de los datos salientes de la jornada es que la concurrencia a las urnas fue la más alta de los últimos procesos electorales.

“A las 10 de Moscú, dos horas después de abrir las urnas en la capital, la participación en las presidenciales de 2000 era de 6,36 por ciento; en 2004, de 9,01 por ciento; en 2008, de 8,94 por ciento, y en 2012, de 6,53 por ciento; en esta ocasión es de 16,55 por ciento”, afirmó la presidenta de la CEC, Ella Panfilova.

Vladimir Putin emitió su voto en el colegio electoral abierto en la sede de la Academia de las Ciencias de Rusia, en la transitada avenida Lenin, de Moscú.

“Tengo un par de reuniones de trabajo hoy”, explicó al votar antes de las 10, cuando en anteriores ocasiones lo había hecho por la tarde.

Al ser consultado sobre el resultado que le gustaría obtener de las urnas, Putin respondió se conformaría con “cualquiera que otorgue el derecho a ser presidente”.

La elevada concurrencia contrasta con las gélidas temperaturas que reinan hoy en Moscú, en torno de 10 grados centígrados bajo cero, algo inusual para un mes de marzo.

Las encuestas habían anticipado que recibiría el respaldo de alrededor de 70 por ciento de los electores, pero las autoridades procuraron que hubiera la mayor participación posible para reforzar esa victoria. Para ello, en los lugares de votación se organizaron actividades festivas y todo tipo de atracciones para adultos y niños.

Cerca de 110 millones de rusos estuvieron convocados a las urnas en estas elecciones a las que concurrieron, aunque los otros siete candidatos, sin ninguna posibilidad real de ganar.

A partir de ahora, el presidente ruso tiene seis años por delante en los que afrontar retos internos, como seguir luchando contra la pobreza o levantar la economía tras la crisis, así como retos internacionales y pulsos con los países occidentales nacidos a partir de la crisis de Ucrania, la guerra de Siria, la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016 en Estados Unidos o, más recientemente, el envenenamiento en el Reino Unido del ex espía ruso Serguéi Skripal.

Hay una tarea que el Kremlin tiene que dejar bien atada, el nombre de sucesor, porque es muy probable que el 2024 sea el último año en el poder.

Dejar una respuesta