Los casos de fracasos van de la mano de grandes marcas o de emprendedores, nadie se salva. Samsung le dijo adiós a su Galaxy Note 7 porque explotaba y en los primeros seis meses tuvo un impacto negativo de u$s3.100 millones por su retirada.

A nivel local, Tito Loizeau, reconocido como un emprendedor serial, admite que “en el 80% de mis emprendimientos me fue mal”. En 2007 fue el creador del primer Barbie Store del mundo en la Argentina y en 2015 lo cerró.

Diego Noriega creó en 2009 el portal de clasificados Alamaula, con una gran cantidad de inversores. En 2016 no le quedó otra que cerrar.

Hasta Coca Cola lanzó con bombos y platillos la marca de gaseosa Nativa con sabor a yerba mate y pese a que la Argentina es un país donde esta infusión es un éxito absoluto, no funcionó. Así como estos hay miles de casos de grandes marcas que, pese a hacer toda clase de pruebas e investigaciones, no llegaron a buen puerto.

El último caso más resonante que no funcionó fue el de Bluesmart, la marca argentina inventada en 2014 por cinco emprendedores, que crearon la primera valija inteligente del mundo que llegó a utilizarse en 100 países. Luego impulsó el primer sistema de equipaje inteligente, que incluía un carry-on, una valija para despachar, un bolso de mano y un estuche de pasaportes. La idea era que cada viajero pueda conocer la ubicación de todas sus pertenencias para no lidiar nunca más con equipajes perdidos. Usada por Usain Bolt, Manu Ginobili, hasta el presidente Mauricio Macri se la regaló a su colega estadounidense, Barack Obama, entre otros mandatarios. Los equipajes inteligentes se vendían entre u$s250 y u$s500, según el modelo.

Para salir al mercado, recaudaron u$s12 millones en fondos de un grupo de inversores de Sillicon Valley y alcanzaron u$s2,2 millones en pedidos anticipados. Con oficinas en Buenos Aires, New York, Hong Kong y Shenzhen, todo iba de maravillas. Pero tuvieron que cerrar por problemas externos y venderle sus activos a la empresa Travelpro, según contó TenchCrunch.

Hace poco más de dos años, habían anunciado inversiones por $100 millones para abrir un centro de distribución del país, dijo Infotechnology. Todo parecía indicar que eran uno de los casos de negocios con más futuro. A fines del año pasado, la prohibición de las aerolíneas de llevar baterías de litio (el corazón de su producto) en el equipaje despachado fue un durísimo golpe.

En lo que llamaron un “smart luggage ban” (prohibición de facto al equipaje inteligente), se vieron obligados a vender. Tomas Pierucci, su director, explicó que “la prohibición puso a nuestra empresa en una situación de crisis financiera irreversible”. No podían usarse las valijas inteligentes de Bluesmart ni en Delta, American, United, Alaska y hasta Southwest. “La FAA y el DOT, los organismos estadounidense que controlan la aviación y el transporte, sugirieron la no utilización de las baterías”, indicaron en la compañía.

Buscaron un socio estratégico y Travelpro Products adquirió los activos de Bluesmart y las operaciones se interrumpieron. Esta vez no se trató del fracaso de una idea, sino del fuerte impacto de una legislación, que le dio un golpe mortal a una empresa basada en un monoproducto, que no pudo tener una rápida reacción de respuesta.

Via https://www.baenegocios.com/ Por Graciela Moreno.

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