La causa de los “cuadernos” de la corrupción espera a un actor trascendental, que amenaza con quedarse con gran parte de las novedades de la obra pública. Al listado de confesores privados que, día a día, van complicando cada vez más a los funcionarios implicados; se le sumaría el empresario más importante. O, al menos, el que amenaza con más datos acusatorios y pruebas. Se trata además del único, de todos los que ya hablaron y los que podrían sumarse, que desde fines del Gobierno de Cristina de Kirchner promete y amenaza con una suerte de venganza.

Se trata de Enrique Pescarmona, quién fue dueño y CEO histórico de IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona) y que el año pasado debió entregar la mayoría accionaria de la empresa; perdiendo, a nombre de toda su familia el control que históricamente había sostenido la compañía. Pescarmona culpó de la caída a dos causas: sus fallidos negocios en la Venezuela bolivariana y el haber quedado fuera del negocio final que lo hubiera hecho vivir una redención, las centrales Cepernic- Kirchner de Santa Cruz. Es el único que cerró sin posibilidades de retorno sus conflictos con la gestión anterior a la de Mauricio Macri; y que desde hace años espera, según sus colaboradores más cercanos, el momento de cerrar el círculo contra el kirchnerismo, al que culpa de la mala hora que le toca vivir desde hace casi un lustro.

Justamante en 2008, Pescarmona le envió una carta a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que la leyó en un acto oficial.

Buenos Aires, 15 de febrero de 2008.

Señora Presidenta de la República Argentina, doctora Cristina Fernández de Kirchner:

“Tengo el agrado de informarle que el sábado 19 del corriente, en horas de la mañana -o sea mañana, hoy es 18- se firmará en Puerto Ordaz, Venezuela, con la presencia del presidente comandante don Hugo Chávez Frías, el contrato de la provisión de las turbinas y generadores Kaplan más grandes del mundo por parte de nuestra empresa. Es un orgullo para la tecnología nacional, el diseño, fabricación, transporte y montaje de estas grandes maquinarias hidráulicas, que serán diseñadas enteramente en nuestro país. Tocoma es el contrato más grande de la exportación de alta tecnología que haya hecho la República Argentina en su historia, por un valor de 520 millones de dólares.

“El contrato fue ganado en licitación pública internacional, financiado por la CA, precisamente la misma que nos financia esta obra que hoy estamos anunciado aquí; señales, yo siempre creo mucho en las señales. 600.000 millones de dólares de préstamo y se la ganaron a las siguientes empresas: General Electric, de Estados Unidos; Alstom de Francia, la misma del tren de alta velocidad y a Siemens, de Alemania. El nombre de estos tres monstruos, líderes en su sector de todo el mundo desarrollado, hablan de dos cosas: de la importancia de la obra y de la calidad de las cosas que podemos hacer los argentinos.

“Le agradezco a usted el apoyo que nos proporcionó la Embajada Argentina en Venezuela, así como todos los que intervinieron en este suceso. Con todo respeto, Ingeniero Enrique Pescarmona”.

Los orígenes de la relación entre Pescarmona y Néstor y Cristina de Kirchner eran más que promisorios. En los primeros años de la anterior gestión de 12 años, el empresario había logrado forjar una relación bilateral que envidiaban todos sus colegas. Pescarmona fue uno de los primeros que decidió acercarse al sucesor de Eduardo Duhalde, a partir de una original relación cordial con el patagónico cuando este era gobernador de Santa Cruz. Ya en el Gobierno, los contactos fueron directos y amistosos. Incluso colegas del mendocino, acudieron a sus gestiones para destrabar problemas derivados de la devaluación asimétrica y las actualizaciones de los servicios públicos privatizados durante los 90. La buena relación tuvo un hito en 2006, cuando Pescarmona fue elegido como presidente del Coloquio de Idea, un foro tradicionalmente rebelde contra los Kirchner, y que buscó con la llegada del mendocino un puente con el entonces Presidente de la Nación. Fue elegido para reemplazar a Alfredo Coto, que había sido crítico contra el Gobierno en el 2005. La relación continuó de manera inmejorable, hasta llegar a su cúspide en enero de 2008, cuando IMPSA logró imponerse a compañías como General Electric, de Estados Unidos; Alstom de Francia y a Siemens de Alemania para la construcción y provisión de turbinas y generadores para la represa de Tocoma, en Puerto Ordaz, Venezuela; un contrato que para su firma contó, en persona, con la presencia de Hugo Chávez. El contrato implicaba para IMPSA un total de u$s520 millones, el más importante en la historia de la compañía, lo que generó una carta personal de Pescarmona a la entonces presidenta Cristina de Kirchner con la leyenda “le agradezco a usted el apoyo que nos proporcionó la Embajada Argentina en Venezuela, así como todos los que intervinieron en este suceso. Con todo respeto, Ingeniero Enrique Pescarmona”. IMPSA era en realidad subcontratista de Odebrecht, que había vencido en la licitación y que por presión del gobierno venezolano había incorporado a los mendocinos. El responsable máximo para la construcción de Tocoma era la brasileña Odebrecht, en uno de los tantos proyectos que terminaron en la justicia de su país de origen. IMPSA también había vencido en la licitación para aportar las turbinas en la Central Macagüa por unos u$s130 millones. Este panorama generó tal entusiasmo en el empresario que en 2010 declaró, también en IDEA, que “me va bien porque el Gobierno me ha ayudado en Venezuela”.

Todo terminó mal. Al compás de la caída del precio del petróleo y de la crisis en la que ingresó el gobierno bolivariano, los pagos comenzaron a retrasarse hasta directamente suspenderse. La situación fue tan grave que en 2014 se declaró en default declarando una deuda de u$s1.400 millones al no poder cumplir con los pagos de dos Obligaciones Negociables emitidas. El 7 de octubre de 2014 la calificadora Standard & Poor’s, bajó la nota de la compañía de CC hasta D, con lo que llegó oficialmente a default. Para zafar de la crisis definitiva, Pescarmona aseguraba que tenía definido un último negocio de la era Kirchner: aportaría las turbinas para el megaproyecto de la represa Jorge Cepernic- Néstor Kirchner en Santa Cruz, un negocio que implicaría unos u$s3.000 millones totales y que como obra cerraría la gestión del gobierno anterior. La obra fue entregada en junio de 2013 a Electroingeniería en sociedad con la china Gezhouba. Segundo quedó el grupo Helport (grupo Eurnekian), Panedile, Isolux, Eleprint, Hidroeléctrica Ameghino y los proveedores rusos Inter Rao y Power Machine y terceros el consorcio de Sinohydro, Austral Construcciones (del empresario K Lázaro Báez), Iecsa, Esuco y Chediack. La oferta del grupo Pescarmona-Odebebrecht-Alstom, quedó desestimada por no contar con financiamiento acorde. El empresario mendocino lo tomó como una traición, y dio por cerrada su relación con el kirchnerismo. Con este panorama culminó el Gobierno Cristina de Kirchner, e IMPSA navegó hasta noviembre de 2016 para evitar su quiebra definitiva. Lo hizo con un crédito del Banco Nación negociado con Mauricio Macri . El proceso para evitar el quebranto terminó finalmente entre abril y mayo de este año, cuando el 65% de las acciones de IMPSA pasó a manos de los acreedores de la compañía, entre los que figuran varios organismos financieros internacionales, y la familia Pescarmona pudo permanecer con el 35% del paquete. Automáticamente Enrique Pescarmona deja de ser el número uno de IMPSA, cargo que ocupaba desde 1965; y el nuevo directorio quedó conformado por tres miembros: Fabián D´Aiello, Diego Grau y Francisco Rubén Valenti. Este último, al figurar en los Cuadernos del chofer Oscar Centeno, fue detenido al estallar la crisis por orden del juez Claudio Bonadio; lo que derivó en el inicio de las negociaciones de Pescarmona para presentarse él mismo y contar la versión de la empresa durante el kirchnerismo.

via ambito.com

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