Por Rodolfo Llanos. La muerte de José Manuel  “el Gallego” de La Sota no es el fallecimiento de un político. Es la muerte del peronista que iba a disputarle el sillón de Rivadavia a Maria Eugenia Vidal, si Macri sigue cayendo en las encuestas.

El ex gobernador era la única figura que podía hacer confluir a la oposición en un armado único. Era el político que hablaba con todos. Era la oportunidad, en manos de un estadista, que tenía no solo “el peronismo” de lograr un acuerdo político nacional.

De la Sota venia silenciosamente jugando hace tiempo escondido detrás del nombre “peronismo federal”. Nadie lo marcaba y nadie lo atacaba. Esa era su oportunidad para ser el próximo Presidente de la Nación.

Tejía con Massa, pero también lo hacía con el Kirchnerimo dialoguista. Aconsejaba a Urtubey pero construía con Romero o con Rodríguez Saa. Potenciaba a Pichetto, pero no dejaba a atender el teléfono a Macri.

El Gallego era un “todo terreno” del dialogo. Mientras la tribuna de los “realities” de la política hablaban de Nielsen (o iniciativas presidenciales de economistas liberales), De la Sota abría puertas para su candidatura en todo el país.

Nadie hablaba del Gallego en Twitter, porque la política que te lleva a la presidencia, no se construye en redes sociales.

El ex gobernador fue el único que mantuvo una reunión “secreta” con Cristina Fernández de Kirchner -durante 3 horas- en su departamento de Palermo. No hablaron de ese encuentro en los medios. Porque se enteran cuando ya todo había ocurrido. El encuentro de José Manuel y Cristina es algo que una o dos personas de la política argentina se atreven y tienen los pergaminos para hacer. El Gallego decía que “el peronismo debe rearmase con todos y todos incluye a Cristina”. De la Sota se había enfrentado muy duramente con Cristina en el 2008 por la crisis del campo. Cuando la llamó, ella acepto la reunión.

Lo mismo sucedió con Schiaretti su histórico aliado-rival. Hacía meses que no hablaban. Dicen que desde el protocolar saludo de navidad. Se juntaron en secreto y José Manuel le dijo: “voy a ser yo, pero no dividamos Córdoba por la pelea en la carrera presidencial. Acompáñame” a los cual el actual Gobernador respondió “tengo compromisos con Mauricio, pero primero lánzate, que yo voy a estar”.

Independientes, cambiemistas desencantados, peronistas no cristinistas, desarrollistas, massistas y peronistas -de todo el país- tenían un minuto en la agenda del Gallego. Cuando le preguntaban si iba a ser él, muy zorro,  respondía:”hay muchos que quieren ser… yo estoy para unir y armar”.

En uno de sus viajes me convocó para que le contara el plan de la Unión de Emprendedores para salir de la crisis en la que estan las PYMES y Comercios. Me dijo algo que hoy puedo contar “el mundo se divide hoy entre globalizadores y nacionalizadores… me gusta el modelo que proponen de desarrollismo de mercado”. Después hablamos de política. Su mente era la de un estratega brillante, que conocía a cada jugador de la política nacional.

Quedamos seguir conversando (manteniendo como intermediario al amigo en común que había organizado la reunión). Sin ser un “delasotista” no puedo dejar de reconocer sus condiciones envidiables para el dialogo y crear consenso. Se va un político de raza. Pero también, se va un argentino que creía que nuestro país no tenía que ser lo que es y que se podía cambiar.

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