El Gobierno apuesta a dos fichas para conseguir la reactivación de la economía y mantener el dólar en calma durante el 2019: una buena cosecha del campo que genere una mayor oferta de divisas y así dar margen para bajar las tasas, y continuar con la reforma fiscal y tributaria sancionada a fin de 2017, que baja los impuestos de manera gradual para favorecer la inversión.

Estas medidas de alivio enfocadas en aumentar la rentabilidad empresaria serán eventualmente reforzadas desde el lado del consumo mediante un incremento en la asistencia social (ver página 2) que contempla el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional al margen de la meta de déficit cero. Es que mientras tanto, el resto de las partidas del gasto tendrán un fuerte recorte en términos reales.

En la Casa Rosada se enfocan casi exclusivamente en el objetivo de lograr un resultado equilibrado durante este año al que se llegará a partir de un ajuste y el regreso de las retenciones a las exportaciones. Toda la suerte del plan económico del 2019 parece estar atada a eliminar el rojo primario.

En 2019 continúa la baja gradual en Ganancias, Ingresos Brutos y contribuciones patronales

En ese sentido, un economista que trabaja en despachos oficiales destacó ante la consulta de BAE Negocios que el paquete de leyes que comenzó a regir hace un año seguirá en marcha, es decir, la reducción paulatina en las contribuciones patronales -cuyo mínimo no imponible ya fue ajustado- y de la tasa en el impuesto a las Ganancias para empresas que reinviertan utilidades, al tiempo que los gobernadores deberán seguir con el plan para bajar Ingresos Brutos a las actividades productivas acordado con el Ejecutivo, más allá de que por la crisis se postergó transitoriamente la que se iba a replicar en el impuesto provincial a los sellos.

En Hacienda entienden que esas iniciativas ayudarán a dinamizar la actividad económica, una vez que el sector agropecuario consiga romper la recesión cuando empiece a liquidar una cosecha que será mejor a la de 2018, afectada por la sequía.

“Por el contexto recesivo, hoy no hay un efecto sobre la economía real, porque nadie invierte”, reconoció una fuente oficial al ser consultada por el nulo impacto que tuvo en la creación de empleo formal la menor carga de aportes patronales, que para colmo ya impactó fuerte en la recaudación de 2018. “Sin embargo, una vez que arranque el campo, va a traccionar todo y esto va a ayudar a amortiguar la baja”, planteó un funcionario del área económica en diálogo con este medio.

En definitiva, cuando el sector agropecuario empiece a levantar la cosecha, habrá un efecto derrame sobre los rubros restantes y además “aparecerán los dólares que faltaron en 2018”, señalaron en el Ejecutivo. Cuando esa chispa encienda, la menor presión tributaria será un aliciente para dinamizar una economía que ya estará en marcha, razonan en el Gobierno.

Recién entonces en la Rosada comenzarán a evaluar si aplican algún otro paliativo en lo que respecta por ejemplo al impuesto a los bienes personales o a la renta financiera, aunque por el difícil objetivo de llegar al déficit cero probablemente no se aplique ninguna de estas opciones.

En cuanto al dólar, el consenso entre los economistas es que para mostrar alguna mejora relativa en relación al 2018 es imprescindible que se mantenga sin los sobresaltos que caracterizaron el año pasado. Una cosecha más voluminosa permitirá mantener a raya la cotización y con ello ayudar al Central para lograr perforar las tasas prohibitivas del 60%, siempre y cuando no aparezcan nuevas “tormentas” desde el resto del mundo que puedan estimular la salida de capitales de la Argentina, que además estará en medio de la contienda electoral.

via Baenegocios.com

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