La recaudación tributaria volvió a acusar el impacto de la recesión económica y registró una caída de 8% real en diciembre. De esa forma, se mantienen encendidas las alarmas acerca de qué ocurrirá durante el 2019, respecto a la búsqueda del déficit cero, si los ingresos de la Afip no colaboran de la manera esperada.

Con todo, la totalidad del año pasado cerró con una caída real en torno a 0,8% respecto a 2017. Un año flojo, que no sólo reflejó el golpe del ajuste de los salarios y la sequía sino que obligó al Gobierno a incrementar la presión tributaria hasta llevarla a niveles récord.

Entre analistas ya prevén que la meta de déficit cero será, como mínimo, difícil de cumplir. El problema es conocido: al ajustar el gasto público en plena recesión generada por el salto del dólar, la actividad se resiente aun más y, por ende, la recaudación cae. Ese es el escenario actual y en el primer trimestre se espera que continúe. Para el segundo trimestre la Afip espera una mejora, pero la incertidumbre está.

Ahí la duda es si el Gobierno profundizará el ajuste para volver a intentar que se cierre la brecha, con el riesgo de ingresar en un espiral similar al de un perro mordiéndose la cola con ajustes y más caída de la recaudación. Otra posibilidad es que, incluso sin lograr el déficit cero, el rojo fiscal en pesos se reduzca lo suficiente como para que el FMI, de todas formas, apruebe el esfuerzo.

El director de la consultora Epyca, Martín Kalos, se maneja en esa visión: “No creo que se cumpla la meta pero no debería ser un problema con el FMI, que apoya a la Argentina desde lo político. Más bien pareciera que busca una excusa para apoyar y en ese sentido achicar el rojo fiscal, y rápido, aunque no se elimine del todo, será tomado como una victoria. En el primer acuerdo no cumplimos nada, excepto el esfuerzo fiscal, y eso alcanzó para rearmar el acuerdo tal como lo necesitaba el Gobierno”.

Y agregó: “La verdadera pregunta es qué significa ese apoyo. La incertidumbre y el riesgo país son la duda sobre el financiamiento en el 2020. La pregunta es qué va a pasar entonces, si no tenés acceso al mercado voluntario de deuda. El Gobierno puede lograr alguna emisión exitosa y que se calmen las expectativas. Pero si no lo logra lo pueden comer las dudas”.