La Confitería del Molino va a festejar este Día de los Museos iluminada como hace muchos, muchos años no se la veía. El equipo de restauradores que está consolidando el viejo edificio después de tantos años de abandono ya avanzó en la restauración de varios de los notables vitrales del local y acaba de poner a nuevo el cableado de iluminación interna de la confitería.

Quienes visiten el lugar este sábado a partir de las 14 podrán ver los muros limpios, el hermoso pavimento de piedra dura bien lavado y las luces como fueron instaladas en 1916. Las joyas de este retorno luminoso son los vitrales del Quijote y uno de los Art Noveau, las cúpulas de vitralería de las vitrinas y la hermosa lámpara de vitral sobre la entrada de la ochava. Todas estas piezas tienen ahora iluminaciones en LED especialmente desarrolladas para El Molino, cuidando que la temperatura de la luz no distorsione los colores de los vitrales.

Hace 103 años, cuando se abrió el edificio diseñado por el gran Francesco Gianotti, El Molino fue un milagro tecnológico, uno de los lugares más y mejor iluminados de Buenos Aires. El equipo del PRIE, que dirige Guillermo García, recableó las instalaciones originales manteniendo hasta los circuitos de llaves originales, de modo que el local se pueda iluminar exactamente como hace un siglo.

Despejado y limpio, el lugar está empezando a recuperar su esplendor original. La visita del sábado va a incluir también el famoso salón de fiestas del primer piso, donde avanza la restauración de las maderas, y el reloj de la confitería, reparado y funcionando de manos de la firma que hizo su mantenimiento por muchos años. Los restauradores van a mostrar en vivo cómo se trabaja con maderas, yeserías y vitrales.