A media mañana, mientras las parrillas callejeras ubicadas en las periferias del Juan Carmelo Zerillo comenzaban a encender el carbón, ya se podían divisar gorros y camisetas azules y blancas por las calles de la capital provincial. Pese a que no hubo actividad este fin de semana en la Superliga debido a la fecha FIFA, los hinchas del Lobo vivieron una jornada de fútbol a pura pasión.

Es así que la intersección de la Avenida Centenario y la Calle 118 empezó a ser copada poco a poco de fanáticos triperos. Ya al mediodía el clima era ideal. Vaya uno a saber si el calor de la gente o la llegada del astro tuvieron que ver, pero un cálido sol se hizo presente en el cielo y cortó con el crudo frío que se venía sintiendo por estos día al sureste de la provincia de Buenos Aires, haciendo más agradable el hito que se estaba por vivir.

Absolutamente todos los árboles que le dan el nombre a la zona lucían un ’22’ bien grande de color azul, como si se marcara el territorio. Pasacalles colgaban de una vereda a la otra dándole el recibimiento al Diez. “Bienvenido al barrio de Favaloro y a la cuna de Cristina”, era una de las tantas frases exhibidas. Pancartas improvisadas en las paredes también adornaban la escena: “Diego el Bosque es tu casa” y “Diego es Lobo”.

El calor de los hinchas se sintió desde temprano en las inmediaciones del estadio (Foto Baires)

El calor de los hinchas se sintió desde temprano en las inmediaciones del estadio (Foto Baires)

Una vez abiertas las puertas del recinto, la gente comenzó a llenar las tribunas de la cancha al ritmo de “La mano de Dios” interpretada por el cordobés Rodrigo Bueno, que sonó en los altoparlantes. En el campo de juego, una manga inflable con la cara de Maradona y otra con la camiseta de la Selección adornaban el escenario por el que iba a salir el protagonista.

La previa se vivió a puro canto, desde las gradas se hicieron escuchar los clásicos “Olé, olé, olé, Diego, Diego” y “El que no salta es un inglés”. También el flamante hit que crearon los hinchas de Gimnasia en los últimos días cuando se confirmó la llegada de Pelusa, aquel que menciona el apellido del DT y el de Alberto Olmedo y que pide por el primer puesto.

Si la capacidad máxima del estadio es de alrededor de 20.000 espectadores, entonces ese número de personas era el que se hizo presente allí. No entraba un alma más detrás de los alambrados. Nadie del pueblo tripero se perdió la misa maradoniana que dio inicio a un nuevo ciclo de Maradona como entrenador, acompañado por Sebastián Méndez y Adrián González como ayudantes.

Otro factor que daba el parámetro de la fiesta que se celebró fue el de la prensa presente, más de 40 cámaras de televisión y 80 fotógrafos de medios de todo el mundo cubrieron la jornada desde el campo. Otros varios tuvieron que mezclarse con los hinchas en las plateas, es así que se veían cámaras fotográficas profesionales o redactores haciendo sus deberes en una butaca y con una laptop sobre sus piernas.

A las 14 en punto, ya con el cuerpo técnico y los jugadores en el campo, se hizo un breve silencio, esa calma que antecede al huracán. Diego puso un pie en el césped y desató la locura del público. Lluvia de papelitos por un lado, latas de humos con los colores del Lobo por el otro, fuegos artificiales en el cielo y miles de aplausos a unísono: así fue el recibimiento del campeón del mundo de 1986, que se subió a un carrito de golf para ser trasladado al círculo central debido a su dificultad para caminar por su operación de rodilla.

Una vez delante de sus nuevos dirigidos y ante la atención de los fanáticos, Maradona tomó el micrófono y se despachó con un emotivo discurso. Entre sus frases, agradeció a la gente por el cariño, se comprometió a trabajar para mejorar el presente del club, apuntó contra Estudiantes y hasta recordó a sus padres con emoción. El público aplaudió cada oración lanzada por su nuevo estratega y le hizo sentir su apoyo.

Si se tuviese que describir lo vivido esta tarde en Gimnasia en una palabra, esa sería: emoción. La gente se mostró excitada en cada momento, agitando sus brazos y flameando banderas como si se jugara un encuentro importante, entonando canciones con la garganta y el corazón y expectantes de lo que deparará este ciclo de Maradona como técnico del Lobo.

También Diego se mostró sensible, se quebró en llanto en cuatro oportunidades (en el vestuario al hablarle al capitán Lucas Licht, al mencionar a sus padres en el campo de juego, al recordar a Caniggia en conferencia de prensa y al recibir un regalo de la hermana de Cristina Fernández). Agradeció reiteradas veces la oportunidad que se le brindó de volver al fútbol argentino y sonrió a cada momento.

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