Con la presencia de familiares y allegados de los 44 tripulantes, el Jefe del Estado Mayor de la Armada, José Luis Villán, encabezó el homenaje y tras la entrega de distinciones, se hizo una salva de 21 disparos de fusil

Autoridades de la Armada Argentina distinguieron ayer a familiares de los 44 tripulantes del ARA San Juan con la entrega de medallas “al honor militar”, en el marco de un acto que se hizo en la Base Naval de la ciudad de Mar del Plata al cumplirse el segundo aniversario del hundimiento del submarino este viernes.

La ceremonia, que comenzó a las 16, estuvo encabezada por el Jefe del Estado Mayor de la Armada, José Luis Villán, el subjefe Eduardo Alberto Fondevila Sancet y el comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la fuerza, Fabián Gerardo Dángelo, mientras que también asistió el intendente electo del municipio de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro.

Villán se refirió a los tripulantes del submarino y dijo que “sin duda ellos ya están en la historia, el respeto hacia ellos no admite divisiones y no sabe de desencuentros”.

“Para algunos hechos de la vida simplemente no existen palabras. Es tan fuerte el impacto en el alma que el silencio se vuelve irreemplazable y paradójicamente resulta lo más elocuente. Pero es preciso buscar palabras que nos aproximen a esos acontecimientos, encontrar símbolos que resalten lo sucedido para honrar a los protagonistas como se lo merecen y como nosotros necesitamos”, expresó el Jefe de Estado mayor de la fuerza.

Villán expresó: “Coraje, compromiso, vocación, servicio, profesión, ejemplo, son palabras simples y cada uno de nosotros en su interior le otorga un valor distinto, pero a pesar de ser siempre un máximo no alcanza a igualar la magnitud del sentimiento que hoy nos embarga a todos. Hoy estamos aquí para intentar suplir un silencio con palabras que sabemos limitadas, con gestos que nunca alcanzan”.

Asimismo, sostuvo que “en cada uno hay un dolor distinto, incomparable, siempre máximo, y un orgullo que nos conmueve a todos por haber sido testigos privilegiados de lo que fueron, por la coherencia de su vida a cumplir un juramento, y una vez más por la magnitud de su ejemplo. Muchos juramos, ellos cumplieron”.

“Sus nombres quedarán grabados en piedra, sus ausencias estarán permanentemente presente en todo rincón de la Armada”, dijo Millán, quien concluyó: “Rogamos a Dios que siempre nos ayude a pensar en qué harían ellos, en cómo lo harían, y que nos otorgue la fortaleza necesaria para que no se use su recuerdo con fines espurios y podamos seguir siempre su ejemplo”, manifestó el jefe de la Armada.

Durante el acto, las autoridades de la fuerza realizaron el descubrimiento de una placa que recuerda a los 44 submarinistas del ARA San Juan, que perdió contacto a las 7.19 del 15 de noviembre de 2017, ocho horas después de que su jefe de operaciones informara sobre un principio de incendio en el tanque de baterías número 3, provocado al parecer por el ingreso de agua por el sistema de ventilación, mientras trataba de identificar pesqueros ilegales en medio de un fuerte temporal.

Los familiares directos de los tripulantes recibieron de parte del jefe de la Armada Argentina, como condecoración, una medalla “Al Honor Militar”.

Tras las distinciones, se hizo una salva de 21 disparos de fusil. También se les hizo entrega de una copia de una carta redactada por el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, en la que expresó el sentimiento del Papa Francisco por el hecho.

Los restos del submarino fueron encontrados por el buque Seabed Constructor, perteneciente a Ocean Infinity, una firma estadounidense contratada por el gobierno nacional para llevar adelante la búsqueda, con dispositivos capaces de operar en profundidades de hasta 6.000 metros.

El hallazgo fue comunicado en los primeros minutos del sábado 17 de noviembre por parte de la Armada a las autoridades nacionales, cuando varios familiares se encontraban en Mar del Plata convocados desde días antes para un homenaje que encabezó el presidente Mauricio Macri en la Base Naval.

La información oficial detalló luego que el casco se encontraba “en una sola pieza”, “totalmente deformado, colapsado e implosionado” y sin “aberturas de consideración”, con partes de la hélice enterradas y restos de tuberías, cadenas y pedazos de chapas desperdigados en un radio de 80 metros.

Estos indicios reforzaron la hipótesis de una “implosión cercana al fondo”, producto de la presión a una profundidad superior a los 900 metros.

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