El año 2020 representa un punto final para proyectos que han cobrado impulso en los últimos 10 años. Los pronósticos dicen que será el punto de inflexión desde el cual juzgar el progreso de la tecnología del siglo XXI

¡Autos voladores! ¡Mayordomos robots! ¡Hoteles en el espacio! Por décadas los futuristas han estado prometiéndonos todo tipo de inventos fantásticos. Por muchos de ellos seguimos esperando. Por ejemplo, en el 2000 se pronosticó que 10 años después veríamos el ‘aromavisión’, un televisor que emitiría olores, ideal para abrir el apetito. Claro que equivocarse sobre el futuro es parte de la diversión. No obstante, otros desarrollos están a la vuelta de la esquina. Autos autónomos, dispositivos y sensores para hacernos la vida más fácil, drones repartidores o robots en el supermercado son previsiones más que optimistas. ¿Para cuándo? En tres años. El 2020 está programado para ser un año clave para la tecnología.

Internet del todo

Ya no será solo el Internet de las cosas. Será el ‘Internet del todo’ y ‘en todas partes’. Así lo cree Yobie Benjamin, elegido como pionero tecnológico de 2015 por el Foro Económico Mundial: “La emoción del Internet de las cosas será una pequeña nota al pie de página de nuestra realidad”.

La industria de los operadores y proveedores se enfrenta al reto de desarrollar la siguiente generación de telecomunicaciones móviles, que sucederá al actual 4G. La llegada del nuevo estándar impactará de forma importante en todo el sector, transformándolo para siempre.
Según las previsiones de Cisco, se espera que para 2020 existan más usuarios en el mundo con dispositivos móviles (5.400 millones) que personas con acceso a la energía eléctrica (5.300 millones), agua potable (3.500 millones) o vehículos (2.800 millones). ¿Y por qué el mundo necesita de la 5G? Las redes móviles 5G serán unas 250 veces más rápidas que las 4G.
Si con el 4G ahora se alcanzan velocidades medias de 100 o 200 megabits por segundo en las redes más avanzadas, con el 5G se espera llegar a 5 gigabits e incluso a 10 gigabits, muy por encima, incluso, de lo que ahora ofrecen las mejores redes fijas de fibra óptica. Cinco gigabits por segundo equivalen a transmitir un DVD completo en 15 segundos.

“La emoción del Internet de las cosas será una pequeña nota al pie de página de nuestra realidad”, dijo Yobie Benjamin.

Corea del Sur promete servicios 5G en los Juegos de Invierno (2018) y Tokio en los Juegos Olímpicos dos años después.

Esto permitirá no solo optimizar la conexión de los smartphones, sino también interactuar con robots, drones y automóviles a distancia, mejorará los streaming de música y video, favorecerá a los wearables y hasta los sensores inteligentes que se instalen en las ciudades para controlar el tráfico o los niveles de contaminación. Además, esta tecnología dará el salto definitivo para la multimedia holográfica, la educación a distancia y plataformas para la telemedicina. En síntesis, esta evolución es esencial para otras revoluciones.

Un reloj inteligente ya no es extraño. ¿Pero qué tal una píldora para desbloquear dispositivos conectados? Motorola (hoy Lenovo) comenzó su desarrollo en 2013. Esta píldora inteligente permitirá acceder a ellos sin necesidad de introducir una contraseña. También se trabaja en tatuajes electrónicos o hasta en chips para insertar en el cerebro. Algún ejemplo parecerá ridículo y otros aterradores, pero muchos proyectos de este tipo prevén estar disponibles en 2020.

Para ese año, la tendencia dominante será la de los dispositivos de seguridad personal y la ropa inteligente. Un informe de Ericsson ConsumerLab augura que uno de cada tres usuarios utilizará al menos cinco wearables para esa fecha para monitorear datos de salud vitales, abrir puertas, autenticar transacciones e identidad y mil usos más.

Recambios

Los miembros de la Young Entrepreneur Council (YEC), una sociedad estadounidense de jóvenes emprendedores, hizo una lista de 12 industrias, productos y servicios que no existirán en 2020: los taxis convencionales, el correo (de mensajería, no de paquetería), el papel, los teléfonos móviles, las tarjetas de crédito, los cines, los dispositivos físicos de almacenamiento (USB, DVD, etc), las agencias de seguros de salud, la televisión por cable, la manufactura de billeteras y los trabajadores en restaurantes de comida rápida. Todos serán sustituidos por una solución tecnológica.

Algunas obsolescencias programadas están más claras que otras. Servicios como Uber y Netflix y medios de pago electrónicos ya están haciendo su parte. Respecto a la desaparición de los smartphones, la YEC especifica que no habrá distinción entre datos móviles y línea telefónica. Internet dominará todo.

Los avances tecnológicos revolucionan desde hace tiempo el mundo laboral y los avances de la inteligencia artificial despiertan crecientes temores de que las máquinas reemplacen a un número cada vez mayor de trabajadores, incluso a los que tienen los empleos calificados.

Un estudio en 2013 de la Universidad de Oxford aplicada a 700 profesiones en Estados Unidos concluyó que 47% estaban en alto riesgo de convertirse en oficios automatizados. Los datos fueron corroborados por un estudio del Instituto McKinsey, según el cual ‘cerca de la mitad’ de las actividades del mundo del trabajo ‘podrían verse potencialmente automatizadas si se adaptan las tecnologías actuales’. Pero 2020 es todavía demasiado pronto.

Los miedos

Por supuesto, habrá un precio a pagar por una mayor conectividad. Las preocupaciones de privacidad y ciberseguridad ya son un problema tanto para los individuos como para empresas y gobiernos. Cuando la cantidad de dispositivos conectados se triplique, las amenazas a la seguridad serán un asunto muy importante.

Según la consultora Gartner, en 2020 las personas tendrán más conversaciones con los asistentes virtuales que con sus respectivas parejas.

American Life Project, un informe realizado por el Centro de Investigaciones Pew sobre el impacto de la tecnología en los seres humanos en 2020, reveló que 42% de los encuestados se mostraba francamente pesimista sobre la habilidad de los humanos para controlar la tecnología.

El documento también habla del surgimiento de un nuevo grupo social llamado refuseniks. El término, propio de la Guerra Fría, se usaba para aquellos judíos soviéticos (aunque no exclusivamente) a los que se les negaba el permiso para abandonar la URSS; luego pasó a utilizarse con ironía para señalar a cualquier tipo de manifestante. En 2020, los nuevos refuseniks elegirán vivir fuera de la red. Se prevé que algunos se manifestarán silenciosamente, pero otros cometerán actos de terrorismo “contra el cambio tecnológico”

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