Guillermo Barros Schelotto vuelve a caminar por los pasillos de la Bombonera. En los últimos años, lo hizo muy pocas veces como entrenador de Lanús. Pero ahora es diferente: volvió para quedarse. La cámaras de los celulares se quedan con él. Esa sonrisa pícara queda inmortalizada en algunas fotos. Y esas fotos se suben a decenas de redes sociales. Y esas redes sociales las llevan a millones de usuarios. Lo acompaña Gustavo, su hermano y compañero de dupla técnica, que luce con un gesto más serio. Juntos, como hace 19 años, llegan al club con el deseo de triunfar, esta vez, como entrenadores.

En medio de un clima festivo, los Barros Schelotto, de 42 años, fueron presentados como los nuevos técnicos de Boca tras la salida de Rodolfo Arruabarrena, quien fue despedido por los dirigentes dos meses después de ser campeón. Daniel Angelici, presidente del club, fue el encargado de presentarlos. Sentado entre los Mellizos (Guillermo a su derecha y Gustavo a su izquierda), el dirigente los puso a la misma altura: “Estamos muy contentos en poder presentar Guillermo y a Gustavo como los entrenadores del plantel de Boca Juniors”. Luego, sí, le dio la palabra al ex delantero, uno de los máximos ídolos de la historia del club.

“Primero, quiero agradecerles a Daniel (Angelici) y a toda la comisión directiva por pensar en nosotros para el próximo paso que va a dar Boca. Quiero nombrar al Vasco Arruabarrema que ha dejado dos títulos en el club y es muy importante lo que hizo. Quiero agradecer a toda la gente que me ha ayudado en mi carrera como entrenador. No tengo dudas de que el paso por Lanús fue fundamental para llegar acá. Les agradezco, trataremos de dar lo mejor, sabemos que arrancamos de cero. Sabemos que Boca fue campeón hace dos meses, pero esa diferencia que había sacado con el resto ya no la tiene y, por eso, el cambio de entrenador. No vamos a tener mucho trabajo previo en estos partidos porque vamos a jugar mucho en poco tiempo. Trataremos de darle con tiempo al equipo lo que nosotros queremos darle”, fue el breve discurso de presentación de Guillermo, que no tardó en dirigirse al saliente entrenador del equipo.

boca guille

Al ser consultado sobre si se comunicó con Arruabarrena, el Mellizo respondió: “No hablé con el Vasco. Habló Gustavo. Yo sólo intercambié mensajes. Me imagino que después de ser campeones en noviembre del año pasado nadie esperaba un cambio tan pronto, pero la dinámica del fútbol, y principalmente de Boca, es así. Fijate que hoy asumimos y mañana ya dirigimos. Después no se dieron los resultados, pero no tengo por qué hacer públicos los motivos por los que yo creo que se cambió de entrenador”.

Esa dinámica de la que habla Guillermo se potencia en clubes como Boca. La dupla técnica no tendrá más de una práctica para preparar dos compromisos de peso para el equipo: Racing (mañana, a las 19.30, por la Copa Libertadores) y River (el domingo, a las 17, por el torneo de Transición). ¿Cómo se diagrama un trabajo de emergencia para bajar una nueva idea? “Realmente en lo único que pensé el lunes a la noche, cuando me llamó Daniel para reunirnos el martes, fue cuál es el mejor entrenamiento que podemos hacer para plantear el mejor equipo para ganarle mañana a Racing. No podemos pensar más allá que el partido de mañana”, enfatizó Guillermo.

Y agregó: “No podemos desarrollar la idea y plantearla para jugar de una determinada manera en el primer partido. Es más, hasta tuvimos muy poco tiempo para tomar la decisión de aceptar la oferta. Después, veremos cuál es la mejor forma para trabajar”.

Guillermo dirigirá a Carlos Tevez, con quien compartió plantel entre 2002 y 2004 en Boca. Juntos ganaron la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental en 2003. ¿Dónde imagina que pueda parar a Carlitos? “Adelante (risas)… De nueve o acompañando, pero adelante. En el área o cerca del área él marca diferencia. No te digo de punta, pero de nueve o cerca del nueve”, analizó, con una expresión de picardía en su rostro.

-¿Este es el máximo desafío de tu carrera como entrenador?

-Por la responsabilidad que uno tiene cada vez que asume un trabajo, como entrenador o como futbolista, siempre lo tomamos como el desafío de mi vida. Ahora, que me toca dirigir a Boca, también lo tomo en ese sentido, con esa responsabilidad. Tratamos de ponernos objetivos y de cumplir. Sabemos de la responsabilidad que significa.

Gustavo habló poco. Su gesto, como es habitual, transmitía una seriedad que parecía invulnerable. “Ser los entrenadores de Boca es emocionante y ver la expectativa que genera, también. Pero debemos mantener la tranquilidad para hacer nuestro trabajo de la mejor forma. Esperemos que esta tarea pueda tener un final con el mismo deseo que tenemos nosotros, que es el de dejar cosas en el club”, fue la explicación que dio el ex volante ante la pregunta de por qué no exteriorizaba los sentimientos.

Y Guillermo cerró: “Me reía porque recordé una frase que me dijo un italiano hace poco: ‘Hay que contener las emociones para que salgan las ideas. Obviamente, estamos emocionados por volver al club, a la Bombonera, pero hay que estar concentrados para lo que viene”.

Se escucharon aplausos en toda una sala en la que no había hinchas, sólo periodistas. Guillermo volvió a reír, como cuando había ingresado a los pasillos de la Bombonera minutos antes. Esta vez, como entrenador.

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