Por Huberto Bourlon de Rouvre. En estos tiempos que corren hay que salir por momentos a contar y explicar las cosas más insólitas. Para los que no me conocen soy Huberto Bourlon, tengo 37 años, trabajo en un pequeña empresa familiar agrícola y ganadera en la provincia de Salta y hace tres meses un grupo de violentos, todos miembros de la misma familia (dedicados a vivir del robo de madera), junto a un abogado de conducta muy sospechosa e intereses espurios tratan de arrebatarme una parte del campo que Papá compró hace 50 años y que trabajamos de forma pacífica e ininterrumpida desde entonces.

Todo empezó el 26 de octubre pasado cuando temprano a la mañana intenté ingresar vacas a un puesto que tengo hace muchos años en una parte aislada del campo a 10 km del pueblo más cercano, de la nada apareció un grupo de personas y corto el camino de ingreso armados de palos y machetes, alegaban ser los dueños de las tierras de forma ancestral, yo era la primera vez en mi vida que los veía. Una historia de locos comenzó a partir de ese día, se robaron los portones de acceso y destruyeron los alambrados, me quemaron todas las instalaciones, destruyeron el camino, intentaron secuestrarme, me amenazaron de muerte, desmontaron pedazos del campo, atacaron a tiros los carteles, prendieron fuego parte del campo y la justicia miro impávida pese a existir 13 denuncias de mi parte y 12 por parte de mi vecino que sufría la misma situación.

El lunes 28 de enero uno de los miembros de esta banda no tuvo la mejor idea estando adentro del campo que agredirme y amenazarme frente a un policía e incumplir con una orden judicial que le impedía ingresar al campo y acercarse a mi persona. Este hecho desencadeno el accionar de la justicia que ordeno el lunes 30 de enero la detención de uno de los miembros de esta banda delictiva y a su vez se me autorizó a volver a poner los portones para evitar el robo de madera a escala industrial y los desmontes llevados a cabo por estos delincuentes. Ese día me avisaron que iba a haber un muerto y atacaron salvajemente mi camioneta pese a la fuerte presencia policía resultando un empleado mío herido y yo con custodia policial en la puerta de casa un par de días.

Soy solo un ciudadano de a pie que lo que quiere es poder seguir trabajando e invirtiendo en mi país y lo único que pido es que se respeten mis derechos sin bandería política o ideológica.

Viendo que la justicia actuaba y hacía respetar las leyes y que la batalla legal estaba siendo perdida ante las pruebas y hechos que yo presentaba que desenmascaraban una trama siniestra donde funcionarios nacionales en connivencia con abogados, miembros de la justicia, organizaciones de derechos humanos y políticos del FPV y otros movimientos de izquierda buscan adueñarse de enormes porciones de tierra inventando comunidades originarias y reclamos ancestrales truchos, es que surge una campaña en las redes sociales y medios afines buscando difamarme.

No sé por dónde empezar, se me acusa de extranjero, de andar a los diez años manejando un vehículo y amenazando personas a punta de pistola, de haber ayudado a Colon a robarle el oro al pueblo Guaraní, de usurpador cuando compramos las tierras de forma legal y venimos ejerciendo la posesión de forma pacífica e ininterrumpida por 50 años, de testaferro de Macri, de pariente de Urtubey, de jefe del Intendente Llaya, de manejar la justicia, de traficar influencias, de tener la policía comprada y de un montón de barbaridades más. Llegaron también a reescribir la historia de la zona para sustentar todas sus mentiras.

La realidad es que aquí se dirime un problema muy simple que es la falta de respeto a la propiedad privada y la existencias de grupos mafiosos que buscan con quedarse con lo que no les pertenece disfrazando sus delitos con una lucha ideológica solo existente en sus fantasías con connivencia de la justicia Salteña. Lo que más le duele es que un trabajador armado de un teléfono y una cuenta de twitter los haya desenmascarados a ellos que venían por décadas trabajando de forma impune.

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