Cuando se debatió semanas atrás en el Congreso Nacional, la asignación de recursos para CyT en el presupuesto 2017 y la Ley de Emprendedores, dije que nos estábamos equivocando el modelo de país 2030-2050. Recibí muchas críticas. Posteriormente ambas iniciativas del Gobierno Nacional desataron una rebelión de tal magnitud, que ni los más acérrimos simpatizantes del Presidente pudieron justificar una artera jugada, que implica sacarle recursos a la CyT para financiar un “oscuro” fondo de capital emprendedor.

En intestinas luchas por cajas y posicionamiento, el gobierno pretendió extraer $1000 millones al presupuesto destinado a CyT, y asignarlo al armado de un fondito para “amigos”. Pero como toda acción bufonesca, cuando los científicos y emprendedores los descubrieron, anunciaron la devolución como si fuera un incremento. Hoy se observa claramente que la jugada implicaba menos presupuesto para la ciencia y el alejamiento de la creación de un proyecto de país emprendedor y tecnológico.

¿Desaguisado político, error estratégico o evidencia de una “mentira de campaña”?

El problema es que la mayoría de los políticos argentinos no entienden nada de tecnología y mucho menos de ciencia. Usan estas palabras, como argumentos rimbombantes en campaña, pero cuando llega el momento de poner el acelerador le dan la espalda a la necesidad presupuestaria de la ciencia, no sé si por maldad pero estoy convencido que por ignorancia extrema.

¿Entonces quien toma las decisiones sobre el futuro en el que vivirán nuestros hijos? La respuesta es dolorosa: un grupo de personas que no sabe nada del futuro, de la ciencia y de cómo encaminar a un país a ese escenario mundial, donde el rumbo lo marcan quienes dominan este campo. Vivimos en una era de ciencia y tecnología. Pero aquellos que legislan y gobiernan no saben de qué se trata el campo del conocimiento científico.

Sin ir más lejos, temas como la lucha contra el cáncer, la vacuna contra el HIV y todos los descubrimientos científicos tocan las emociones del conjunto ciudadano. Quizás el error fue desestimar el valor real que tiene en la sociedad argentina la ciencia. Luminarias como Ameghino, Francisco Moreno, Huergo, Gaviola, Balseiro, Sadovsky, Bunge, Favaloro y los Premios Nobel: Leloir, Houssay, Milstein, alcanzan laureles que los equiparan con ídolos populares como Vilas, Fangio, Maradona, Borges o El Papa Francisco.

Los argentinos debemos ser conscientes que tenemos un ecosistema científico que nos costó mucho construir. Este debe ser el tiempo de la inversión, para poner a la ciencia a trabajar por el país. Las crisis son la antesala del cambio. El gobierno debería estar elevando de 3 a 5 el número de científicos (por cada 1000 habitantes económicamente activos)- que es el porcentaje que ostentan los países que usan la ciencia para desarrollarse y competir internacionalmente. Estamos viendo que se usan fondos del estado para mantener el estatus quo de los problemas, pero no se invierte para encontrar una salida hacia el futuro.

La ciencia debe ser una política de estado. En este sentido es importante señalar los logros de empresas como INVAP, que se construyen en base a “materia gris”.

Estoy convencido que se debe apostar a la concreción de un país científico. Creando una sinergia entre educación-científicos-emprendedores. Esta iniciativa dirigirá a los emprendedores en busca de la “buena” inversión. Los buenos inversores son todos aquellos que apuestan su propio capital al éxito de una iniciativa.

Estamos errando el rumbo que nos lleva a encontrar soluciones al problema del alejamiento de nuestro país a los lugares de referencia internacional.

Es evidente la miopía de aquellos que están en el poder que les hace creer que es válido saquear la iniciativa científica en pos de sostener un desinflado proyecto de ley. Demostrando que no hay verdadero interés en construir una legislación y solo hay apego en crear una caja político/financiera usando la taimada excusa de potenciar a los emprendedores.

Los emprendedores que cambian el mundo lo hacen con la ciencia como motor. No con proteccionismo. Hubiera preferido endeudarnos como Nación para hacer una revolución tecnológica, en vez de hacerlo para pagar gastos corrientes. Así valdría la pena esperar, sacrificarnos y hasta sufrir penurias. Pero cuesta que nuestros dirigentes tengan mirada de cóndores. No se trata de política, se trata de nuestro futuro nacional. 

Por Rodolfo Llanos

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