Luego de la multitudinaria marcha de los docentes, que cubrió más de 20 cuadras de la avenida Callao con más de 50 mil docentes que reclamaron por la reapertura de la paritaria docente nacional, las expectativas estaban puestas en la movilización de la CGT, que se descontaba muy numerosa y se descontaba culminaría con la convocatoria a un paro nacional.

Desde temprano, las columnas fueron ingresando por la 9 de Julio, Diagonal Sur y Paseo Colón, expresando su rechazo a la política económica del Gobierno de Mauricio Macri y a los despidos. Las calles aledañas al palco que se montó de espaldas a la Casa Rosada se vieron colmadas pasando el mediodía lo que llevó a los organizadores a adelantar una hora los cierres.

El primero en tomar la palabra fue Carlos Acuña, del sindicato de estaciones de servicio y hombre del gastronómico Luis Barrionuevo, que en un encendido discurso pidió detener el “manoseo” a los trabajadores. Acuña fue el representante del triunvirato de la CGT ayer en la marcha docente y cuando fue invitado a hablar tuvo que lanzar la promesa de un paro, ante el griterío generalizado, aunque por la noche fue relativizado por sus colegas cegetistas.

Luego fue el turno de Oscar Schmidt, histórico dirigente de los gremios de Transporte y ligado a Hugo Moyano, tomó la palabra y disparó duras críticas a las políticas oficiales: “hay una velocidad para los poderosos y otra para los trabajadores”. Habló de un paro general pero se limitó a decir que sería “en marzo o abril”, lo que provocó una silbatina.

Al momento del cierre de Héctor Daer, quien también es diputado del Frente Renovador, con toda la expectativa que estaba centrada en la convocatoria a una huelga general con una fecha concreta, tras la enorme cantidad de gente que se había concentrado.

Daer esbozó críticas al gobierno y amenazó con un paro “si el gobierno no rectifica las políticas”, lo que enardeció a los presentes, quienes empezaron a corear “paro general” o “poné la fecha, la puta que te parió”. “La fecha ya está puesta, en los primeros días de abril habrá un paro de 24 horas”, dijo para intentar salvar la situación.

La desconcentración fue caótica, con dirigentes que no podían bajar del palco, corridas y golpes de puño, fue un regalo para el gobierno que estaba transitando su peor semana, tras los escándalos de corrupción y la economía que no arranca. Es que los temores de un escenario con un movimiento sindical unificado que congregara a la CTA y a amplios sectores del peronismo se esfumó y dejó en evidencia la estrategia del triunvirato de hacer una marcha evitando llegar al paro para mientras tanto negociar con el gobierno.

El esquema de unificación que imaginaron Moyano, Caló y Barrionuevo hace menos de un año, poniendo fin a un largo período de división, demostró ser insuficiente para contener las distintas vertientes del sindicalismo y mantener la representación de las bases, donde lo que más se escucha es el temor a perder el trabajo. Mucho menos puede pensarse ahora en un sindicalismo que actúe como factor de unidad del sindicalismo.

Del otro lado, el gobierno se queda con una victoria pírrica que no había imaginado.

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