A fines de marzo de 2005, el entonces fiscal general de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo viajó a Sudáfrica para participar de una conferencia en Ciudad del Cabo sobre Justicia Transicional y Seguridad Humana.

Ocampo se había alojado en el Lord Charles Hotel. Tenía previsto participar de la conferencia el 29 de marzo por lo que el día anterior, aprovechando su estadía, los asesores de prensa del tribunal Yves Sorokobi y Christian Palme arreglaron una entrevista con una periodista sudafricana en el mismo hotel donde se alojaba. Lo que sucedió después de esa entrevista dio lugar a una investigación que, gracias la poderosa influencia del ex fiscal, se mantuvo prácticamente en secreto.

La periodista -cuyo nombre así como el periódico en el que trabaja se mantuvieron en secreto- le contó a Sorokobi que, tras las entrevista, el fiscal la forzó a ir a su habitación, donde le retuvo las llaves de su auto y abusó de ella. De acuerdo con la denuncia, entre llantos desconsolados, la mujer relató cómo Moreno Ocampo la “coercionó” para tener relaciones sexuales.

Tras conocer los hechos, Palme lo denunció a sus superiores, aunque contó desde el principio con la reticencia de la víctima y de Sorokobi, quien no creía conveniente para su carrera profesional impulsar una denuncia contra un hombre tan poderoso como Moreno Ocampo.

La primera noticia sobre el supuesto abuso sexual la recibió Sorokobi: la periodista la llamó para decirle que “tenía un problema”, que el fiscal “no quería irse”. Ella estaba “verdaderamente molesta” y “nerviosa” porque, según le dijo, creía que Moreno Ocampo tenía “motivaciones ulteriores”. De acuerdo con el relato, el fiscal la invitó a tomar un trago en el bar del hotel y, más tarde, a pasar a su habitación. Cuando la periodista declinó la invitación, él tomó las llaves de su auto de la mesa y se marchó a la habitación. Una vez allí la denuncia sostiene que el ex fiscal se negó a devolverselas a su dueña a menos que accediera a tener relaciones sexuales con él. “Para poder hacerse de sus llaves, ella accedió a tener relacciones sexuales con Moreno Ocampo”.

Tras sufrir el presunto abuso, la mujer dejó el hotel inmediatamente y llamó al asesor de prensa Sorokobi. De acuerdo con el testimonio, en el transcurso de esa llamada la mujer estaba “muy molesta”, “lloraba muy fuertemente”, como “una mujer angustiada”. “Ella dijo que algo horrible había pasado y que Moreno Ocampo la forzó a tener sexo con ella”.

Al día siguiente, Palme y Sorokobi intercambiaron mails: en uno de ellos, Sorokobi refiere haber escuchado algo “perturbador” de boca de la periodista que lo había entrevistado el día anterior.

El 30, ya en Nueva York, Sorokobi vuelve a comunicarse con la periodista, quien durante la mayor parte de la conversación telefónica llora, “a veces de modo incontrolable”. La mujer “daba la impresión de estar profundamente herida, violada o traumatizada”, por lo que el asesor de prensa le sugirió varias veces que buscara ayuda profesional.

A pesar de que para ese momento ya era claro que la periodista había atravesado una situación traumática, sin embargo Palme se encontró con dos obstáculos a la hora de impulsar la denuncia: por un lado, la periodista sudafricana, sin dudas influenciada por la cultura machista del lugar, decía que no había sido violada porque no había sido “forzada” a tener relaciones, por más que la situación descripta sería catalogada como “violación” en la mayoría de los países desarrollados del mundo. Por otra parte, Sorokobi se negaba a impulsar la denuncia porque consideraba que enfrentarse a Moreno Ocampo podía interferir en su futuro profesional en la Corte Penal Internacional.

Ante esos obstáculos, y la negativa absoluta de Moreno Ocampo de los hechos, la denuncia fue desestimada por el tribunal en diciembre de 2006. El tribunal, sin embargo, no consideró que Palme hubiera actuado con mala fe, algo que sí consideró Moreno Ocampo, que lo despidió. Así, el empleado que lo había denunciado demandó al tribunal internacional, que debió indemnizarlo por un monto de unas 120.000 libras esterlinas (cerca de 170.000 dólares).

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