Hubo una época en la que el lema era “producir, producir y producir”. En esa época se habrían fábricas, pequeñas, que después se convertían en medianas. Antes, prosperaban los obreros que se convertían en pequeños emprendedores. Nadie iba a Miami a comprar un departamento. Todo se re-invertia en el país.

Luego vino otra época de “importar, importar e importar”. En esa época se cerraban las fábricas. Los emprendedores luchaban por conseguir un empleo en una AFJP y hacerse rico era lo único que importaba y si era sin trabajar, mejor.

No hace mucho: “afanar, afanar y afanar”. En esta época ya no importaban las fábricas, era más sencillo robarle al estado. El que conseguía un contrato de obra publica, se hacia millonario, si devolvía el 15%. Los pibes ya no pensaban en graduarse para poner sus propias empresas, era más fácil pedirle a un conocido que les consiga un puesto en un municipio, en un gobierno provincial o nacional.

Ahora es “recaudar, recaudar y recaudar”. Hoy, cada día aparece un nuevo gran edificio vidriado: no son fábricas, son oficinas. Se gana más especulando con las Lebacs, que armando una empresa. Hoy, esperamos que vengan capitales de afuera y los argentinos nos llevamos el nuestro a otros países.

Lamentablemente los argentinos nos resignamos a vivir toda una vida con deudas con mega corporaciones extranjeras que ni sabemos quienes son los dueños del dinero que nos prestan, a cambio de convertirnos en un país ignoto en el fin del mundo. Cuando se decía que íbamos a ser potencia.

No fue el peronismo. Fuimos nosotros los argentinos, que todavía no sabemos decirle basta a la política.

Por Rodolfo Llanos, con textos de un mail que me escribiera M. Lotscher

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