En el sector vitivinícola prima la preocupación. El consumo interno de vino y la exportación, lejos de recuperarse con el transcurso de los meses, caen fuerte, como consecuencia de los altos costos internos.

Luego de una temporal recuperación en junio y julio, tras la peor caída en al menos 22 años en el primer cuatrimestre, las ventas vuelven a derrumbarse en ambos frentes. Y septiembre fue uno de los peores meses.

El consumo disminuyó nada menos que 7,6% en septiembre pasado, a 840.818 hectolitros (hl.); la baja fue aun mayor en botella, cuya venta se redujo 11,3%, que en tetra-brik (-3%), según informó el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

Así, entre enero y septiembre, los despachos para el mercado interno acumulan una baja de 5,1% contra el año pasado, a 6,69 millones de hl., reducción que en las botellas es de 7%, mientras que en tetra-brik es de 2,5%. Las cifras se comparan con 2016, un año que ya había sido bajo en ventas: en los 12 meses, el consumo se había reducido un 8,3%.

En la fuerte caída del consumo pesa, sobre todo, el fuerte ajuste de precios de los vinos al público, en un contexto de caída del poder adquisitivo real. En el primer semestre, los vinos finos aumentaron 55,3% y los tetra-brik 79,5%, según datos del Fondo Vitivinícola, en base a la Consultora W, por efecto de la inflación en general pero, sobre todo, por el fuerte alza de las uvas, por la segunda cosecha consecutiva escasa este año, que redujo el stock de vinos.

“Se estabilizó un poco la caída del vino de mayor volumen pero se redujo mucho la venta en botella. Y los varietales retrocedieron un 23,5% en septiembre. Hubo algunas acciones en tetra-brik que ayudaron a que no cayeran tanto. Todo esfuerzo de precio repercute en el consumo, que está extremadamente sensible al precio; cuando hay una rebaja el consumo responde, lo que da cuenta que no es un problema de hábitos, sino de bolsillo”, explicó Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA).

Tampoco el mercado externo da respiro. Los altos costos, que no pueden trasladarse de igual modo a otros mercados, hacen perder competitividad a los vinos argentinos, que en los últimos años se centraron en colocar productos de mayor gama, que dejan más margen, y dejaron de vender los de menor precio, ya que no son redituables. Pero, así, también perdieron el mayor volumen del mercado.

En septiembre, la exportación se derrumbó 15,3%, a 155.846 hl., baja que en botella fue de 14,9%. Así, en el año, acumula una caída a de 6,8%, a 1,45 millones de hl, según el INV.

En junio, la Aduana dejó de ofrecer estadísticas de exportación a las empresas, por lo cual no se puede conocer qué mercados son los que más cayeron o influyeron en la baja general (ver aparte).

“Los costos en alza son imposibles de traducir en dólares. Por competitividad, aún se pueden vender los productos de mayor precio, pero no es un mercado de volumen y también se perdió la venta a granel”, explicó. De hecho, en lo que va del año el vino a granel bajó 41%. El año pasado, ya había caído 25%.

Pero ciertos factores externos que podrían ayudar. “Europa tuvo una cosecha de 20% a 25% más baja por heladas, sobre todo Francia, Italia y España, que aportan casi el 50% de la producción mundial. California registró incendios, pero casi toda la cosecha estaba ya levantada. Eso quizás ayude a que los vinos de esos países se encarezcan, algo que nos pasó a nosotros desde 2016. Es una oportunidad, si nuestra próxima cosecha es normal y encontramos algún nivel de competitividad bajando costos e impuestos. Sin eso tampoco se pueden esperar milagros”, aclaró Villanueva.

Hace un mes y medio, el sector se reunió con el presidente Mauricio Macri para exponer la situación en busca de medidas para mejorar la competitividad. Le propusieron aumentar de 6% a 9% los reintegros y reducir el costo logístico, entre otros temas, pero aún no tuvieron resultados. Volverían a reunirse a fines de noviembre.

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