En un contexto de emisión de deuda en moneda extranjera, pareciera que la autoridad monetaria cuenta con nuevos aliados para mantener a raya el valor de la divisa sin tocar reservas.

El dólar mayorista acumula una suba cercana al 10% en lo que va del año. Puede parecer mucho, pero si se piensa que la inflación acumulada para el primer semestre es del 11,8% según datos oficiales (y la estimada para julio por la consultora Elypsis es de 2,1%) y se asume que el dólar “es un precio más de la economía” habría margen para que siga subiendo.

El factor principal que se esconde detrás de la demanda de las últimas semanas es lo que en el mercado se denomina “efecto Cristina” y en él subyace el temor de que un buen posicionamiento de la exmandataria en las legislativas de octubre y el consiguiente reflejo en la composición parlamentaria le impidan al Gobierno lograr el consenso que necesita para ejecutar su programa de reformas fiscales, y que aleje potenciales inversores.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ya dejó el borrador de la reforma tributaria en Casa Rosada, que busca aliviar la carga impositiva, pero quedaría reducido a un anillado de buenas intenciones si no se logra el consenso parlamentario y con los gobernadores para su sanción y aplicación. 

El Central, más preocupado por contener la inflación, se siente cómodo en este sistema de flotación administrada (casi libre por momentos) del tipo de cambio, y no se asusta por las subas en la cotización de la moneda, a tal punto que en determinados momentos celebró una escalada en la divisa norteamericana puesto que daría por tierra las acusaciones de que están dadas las condiciones para una ganancia “sin riesgos” mediante la inversión en Lebacs, (“carry trade” para los técnicos, “bicicleta financiera” para los detractores).

Los que miran con mayor preocupación la suba en la cotización del dólar son algunos miembros del Ejecutivo, que observan con atención la evolución de los precios de cara a las PASO de agosto, y fundamentalmente, a las legislativas de octubre. Asumen que, tarde o temprano, la corrección cambiaria impactará en la inflación. 

Ahora bien, el principal jugador del mercado dada la época del año, debiera ser el sector agroexportador, pero hasta el momento no apareció con fuerza. Es sólo una cuestión de tiempo: la Bolsa de Cereales de Buenos Aires confirmó la semana pasada que la recolección de soja correspondiente a la campaña 2016/2017 ya finalizó, con una producción de 57,5 millones de toneladas, mientras que a la de maíz le resta un 40% de la superficie, demorada por cuestiones climáticas.

Por otra parte, el ruido electoral también juega para los productores con espalda financiera: prefieren embolsar y no vender hasta que se aclare el panorama. La escalada del dólar también “tienta” a esperar.

Los dólares, de momento, parecen estar ingresando por otras vías. La venta de casi u$s 50 millones –según estimaciones de los operadores- sobre el final de la rueda del lunes por parte del Banco Provincia, que logró contener la estampida del dólar mayorista, habría tenido su origen en las divisas que generó la colocación del bono en euros por u$s 500 millones.

En el mercado esperan que en estos días comience la liquidación de divisas por la colocación de deuda que hizo la semana pasada la petrolera de bandera YPF por un total de u$s 750 millones. Los dólares no ingresarán al mercado de golpe y responderán a la demanda, pero es un factor más que puede ayudar a contener la subida del dólar.

Sólo contando los dólares de la emisión de YPF más el saldo de la última colocación del gobierno de María Eugenia Vidal (sin tener en cuenta el ingreso de divisas por las exportaciones agropecuarias), se alcanzan los u$s 1200 millones. Restan sólo 13 días de operaciones antes de las PASO, con lo cual potencialmente podrían ingresar –en promedio- más de u$s 80 millones diarios al mercado. Una cifra similar alcanzó el lunes para contener la estampida. 

Nunca sabremos si suena el teléfono desde el Central a la hora de decidir la liquidación por parte de la banca pública o de las empresas estatales o si las necesidades de caja mandan. Lo cierto es que la autoridad monetaria cuenta con nuevos aliados para contener la divisa, al menos hasta que pasen las elecciones. Habrá que ver cómo sigue la película del “laissez faire” cambiario.

Via: El Cronista

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