Cuando Twitter compró Vine en 2012, era una empresa de tres hombres que apenas planeaban lanzar una aplicación de videos de seis segundos. Sin embargo, Jack Dorsey, el cofundador de Twitter que había presionado para realizar la compra, pensaba que había encontrado la octava maravilla del mundo en redes sociales: un Instagram con video.

Mientras estuvo bajo el control de Twitter, Vine se convirtió en un lugar en el cual se creaban las celebridades de las redes sociales. Lele Pons, una adolescente de Miami, se volvió famosa por mostrar cómo sobrevivir la tormenta social del bachillerato. Maple, un golden retriever con inclinación musical, le recordó al mundo que los perros siempre serán más graciosos que los humanos.

Al principio se disparó su uso y parecía que la apuesta de 30 millones de dólares de Dorsey en la diminuta empresa naciente daría dividendos.

No fue así. El jueves, Twitter anunció que cerraría Vine y despediría a sus cerca de 40 empleados en un esfuerzo para reducir costos que incluyen eliminar cerca de nueve por ciento de la fuerza laboral total de Twitter, así como otras medidas restrictivas.

twitterEl ascenso veloz de Vine —y su declive aún más pronunciado— sirve como recordatorio del axioma de Silicon Valley: ser el primero en imponer una tendencia pocas veces resulta en una victoria. Y cuando se adquiere una empresa pequeña que genera buenas ideas, la mayoría de las veces se ignora el valor inicial que tenían estos chiquillos.

Twitter lanzó Vine en enero de 2013. Seis meses después, la aplicación de video tenía 13 millones de usuarios regulares. Tres meses más tarde, el total de usuarios se había triplicado.

Las estrellas de Vine —gente que se atenía a las restricciones de los bucles de seis segundos de la aplicación y los usaba de maneras singulares— se convirtieron en la esencia de internet.

Sin embargo, en junio de 2013, Instagram introdujo el video a su aplicación y permitió que sus usuarios grabaran hasta 15 segundos. Fue una amenaza instantánea: la red de Instagram era 10 veces mayor a la de Vine.

Exempleados y ejecutivos, que hablaron desde el anonimato porque no se les permitió discutir públicamente asuntos relacionados con la empresa, dijeron que el impacto del video de Instagram se sintió de inmediato.

A los usuarios de Vine que ya tenían fotos publicadas en Instagram les fue más sencillo quedarse en esta última aplicación para también publicar videos en lugar de usar Vine. Y los usuarios de Instagram ya tenían conexiones con otros usuarios; si se iban a Vine, tenían que empezar todo de nuevo.

Las estrellas de Vine también se fueron en búsqueda de oportunidades más lucrativas en Instagram —que empezó a pagar a celebridades de las redes sociales para que publicaran en su plataforma— y hacia otros competidores como Snapchat. Vine y Twitter, que nunca les pagaron a sus usuarios y no tenían la gran reserva de efectivo de Facebook, no pudieron competir.

Al final, Vine se volvió demasiado cara para seguir funcionando. La aplicación estaba costando cerca de 10 millones de dólares al mes en infraestructura y empleados, según dos exempleados. Cuando Twitter comenzó a evaluar su negocio y a decidir cuáles serían los activos que cortarían, Vine encabezaba la lista.

Twitter, que a su vez ha estado buscando comprador en meses recientes, dejará de apoyar a Vine en los próximos meses. El contenido de Vine que se haya publicado anteriormente seguirá disponible en línea.

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